El escritor, periodista y diplomático, nacido en Tunja hace 94 años, falleció este martes. Amigo entrañable de Gabriel García Márquez, autor de una veintena de libros y protagonista de algunos de los episodios más importantes de la literatura colombiana del siglo XX, deja un legado que trasciende las letras y el periodismo.
Con la muerte de Plinio Apuleyo Mendoza, ocurrida este martes a los 94 años, Boyacá despide a uno de los intelectuales más importantes que ha dado su historia. Escritor, periodista, diplomático y ensayista, el tunjano construyó una carrera de talla internacional, marcada por su pasión por las letras, el debate de las ideas y una amistad que terminó convirtiéndose en parte de la historia de la literatura latinoamericana: la que sostuvo durante más de seis décadas con Gabriel García Márquez.
Nacido en Tunja el 1 de marzo de 1932, Plinio Apuleyo creció en una ciudad que por entonces era un importante centro político y cultural del país. Hijo del dirigente liberal Plinio Mendoza Neira, desde muy joven encontró en la lectura y el periodismo una vocación que lo llevaría primero a Bogotá y luego a Europa.
Su formación en Ciencias Políticas en la Universidad de La Sorbona, en París, amplió su horizonte intelectual. Allí comenzó una trayectoria que lo llevaría a desempeñarse como diplomático, corresponsal, editor y escritor, siempre con Colombia como referencia.
La historia de la literatura colombiana difícilmente puede contarse sin mencionar la amistad entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez.
Se conocieron cuando ambos apenas iniciaban sus carreras periodísticas y compartieron la efervescencia intelectual de los años cincuenta. Más tarde coincidieron en París, donde atravesaron las dificultades económicas propias de dos jóvenes latinoamericanos empeñados en vivir de la escritura.
En más de una ocasión recordaron aquellos días de hoteles modestos, cafés interminables y discusiones sobre novelas, cine, política y periodismo. Décadas después, cuando García Márquez ya era un autor consagrado, fue precisamente Plinio quien logró convencerlo de sentarse durante varios días para conversar sobre su vida.
El resultado fue El olor de la guayaba, publicado en 1982, un libro que terminó convirtiéndose en una de las obras fundamentales para comprender el universo creativo del Nobel colombiano. En sus páginas, García Márquez habla de Aracataca, de sus abuelos, de Cien años de soledad, de la soledad del escritor, del periodismo y de la política, en una conversación guiada por un amigo que conocía como pocos su historia.

Años más tarde, cuando las diferencias ideológicas entre ambos eran evidentes, Mendoza publicó Aquellos tiempos con Gabo, un libro lleno de fotografías, recuerdos y anécdotas que demuestra que la amistad sobrevivió incluso a los desacuerdos políticos. Allí relata episodios desconocidos del Nobel, sus encuentros en Europa, las bromas compartidas y la evolución de una relación que hizo parte de la historia cultural de América Latina.
Plinio Apuleyo Mendoza fue corresponsal internacional, primer secretario de la Embajada de Colombia en Francia, integrante de la redacción de El Tiempo y director del recordado programa de televisión Personajes. Su trabajo periodístico le valió, junto con sus hermanas, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
Como novelista obtuvo en 1979 el Premio Plaza y Janés por Años de fuga, una obra inspirada en los años de violencia política que marcaron al país. También publicó novelas y libros como El desertor, La llama y el hielo, Primeras palabras, Cinco días en la isla y Entre dos fuegos, entre otros títulos.
En el terreno del ensayo alcanzó gran notoriedad con Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito junto con Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa. El libro, al igual que El regreso del idiota y Fabricantes de miseria, generó amplios debates en América Latina por sus críticas a los modelos populistas y al socialismo latinoamericano.
Su vida también estuvo marcada por uno de los episodios más difíciles del conflicto colombiano. En 1999 sobrevivió a un atentado con una carta bomba atribuido al ELN, que le dejó graves heridas y reforzó su postura crítica frente a la violencia.
Aunque desde muy joven su carrera se desarrolló principalmente entre Bogotá, París y otros destinos diplomáticos, Plinio Apuleyo Mendoza nunca renegó de su origen boyacense. En distintas entrevistas evocó la Tunja de su infancia y la formación intelectual que recibió en una familia donde la política, el periodismo y la cultura hacían parte de la vida cotidiana.
Sin embargo, en las últimas décadas su presencia en Boyacá fue escasa. No mantenía una participación constante en la agenda cultural del departamento ni era frecuente verlo en eventos públicos de Tunja. Su relación con la región fue, sobre todo, afectiva y biográfica: el lugar donde nació y dio sus primeros pasos antes de convertirse en un ciudadano del mundo.
Aun así, su nombre siguió siendo motivo de orgullo para Boyacá, que lo reconoce como uno de los escritores más importantes nacidos en el departamento y uno de los intelectuales colombianos con mayor proyección internacional.
Con su fallecimiento desaparece un protagonista de la vida cultural colombiana, un periodista que hizo de la palabra su oficio y un escritor que dejó novelas, ensayos, memorias y conversaciones que seguirán siendo lectura obligada para comprender buena parte de la historia intelectual de Colombia y de América Latina.
Porque si Gabriel García Márquez contó el universo del realismo mágico, Plinio Apuleyo Mendoza ayudó a contar la historia detrás del escritor, mientras construía una obra propia que hoy también hace parte del patrimonio literario del país.












