Paloma, Abelardo e Iván: así se mueve la disputa digital rumbo a la presidencia


La campaña presidencial colombiana no ocurre únicamente en plazas públicas, debates televisivos o giras regionales. En 2026, buena parte de la disputa política se libra en pantallas verticales, transmisiones en vivo, clips virales y algoritmos capaces de amplificar discursos en cuestión de minutos.

TikTok, Instagram, Facebook y X dejaron de ser simples herramientas de campaña para convertirse hoy en escenarios de construcción de liderazgo, confrontación ideológica y posicionamiento electoral.

Entre los nombres que concentran conversación digital aparecen tres figuras: Paloma Valencia, representante del uribismo institucional; Abelardo de la Espriella, outsider de tono confrontacional y narrativa hipermediática; e Iván Cepeda Castro, uno de los principales referentes del petrismo y de la izquierda política en Colombia.

Los tres parecen haber entendido la regla central de la política contemporánea: dominar la atención como forma de poder.

Abelardo de la Espriella: la política como confrontación permanente

Si la campaña presidencial se midiera exclusivamente por capacidad de generar ruido digital, Abelardo de la Espriella estaría entre los protagonistas más visibles del momento.

El abogado barranquillero ha construido una presencia agresiva y constante en redes sociales. En Instagram supera los 1,2 millones de seguidores; en TikTok alcanza cerca de 745 mil; en Facebook ronda los 770 mil y en X supera los 181 mil seguidores.

Su crecimiento no se explica únicamente por volumen de audiencia, sino por el tipo de contenido que produce. Su comunicación está diseñada para viralizarse: frases explosivas, videos cortos, confrontaciones públicas, estética de autoridad y una narrativa emocional basada en indignación, seguridad y antagonismo político.

Más que un candidato tradicional, De la Espriella se mueve como una figura híbrida entre abogado mediático, influencer político y comentarista permanente de coyuntura. Su estrategia privilegia el impacto antes que la profundidad argumentativa.

Durante las últimas semanas, varias de sus intervenciones se convirtieron en tendencia nacional, especialmente tras sus enfrentamientos públicos con periodistas y figuras políticas, episodios que reactivaron debates sobre agresividad política, polarización y límites del discurso público.

Su ecosistema digital además está acompañado por cuentas militantes, influenciadores ideológicos y activistas virtuales que amplifican sus mensajes con lógica de combate cultural y confrontación permanente.

La apuesta es convertir tensión, espectáculo y controversia en capital político.

Paloma Valencia: la derecha tradicional intentando adaptarse al nuevo lenguaje digital

A diferencia de Abelardo, Paloma Valencia representa una estructura partidista consolidada y reconocible que es el Centro Democrático.

Su presencia digital combina elementos clásicos de la comunicación política tradicional con intentos de adaptación al ecosistema contemporáneo de redes sociales.

La Senadora cuenta con cerca de 731 mil seguidores en Instagram, 681 mil en X, 491 mil en Facebook y más de 266 mil en TikTok. Sin embargo, aunque sus comunidades son grandes, sus niveles de interacción digital son más moderados frente a fenómenos virales como el de De la Espriella.

Ese contraste revela uno de los cambios más importantes de la política actual: tener una audiencia amplia no garantiza necesariamente conversación activa o capacidad de viralización.

Paloma mantiene un perfil mucho más institucional. Sus contenidos giran alrededor de seguridad, economía, agro, minería, oposición al Gobierno Petro y defensa de posiciones conservadoras. X continúa siendo su principal escenario de confrontación política, donde desarrolla debates más ideológicos y argumentativos que emocionales.

Su reto parece estar en otro terreno: conectar con públicos jóvenes acostumbrados a formatos veloces, audiovisuales y emocionalmente intensos.

Mientras algunos candidatos convierten la política en entretenimiento digital, Paloma todavía se mueve en una lógica más cercana al debate político clásico y al liderazgo partidista tradicional.

Iván Cepeda: militancia digital y comunidad ideológica

Iván Cepeda llega a la carrera presidencial con un capital distinto: una comunidad política digital consolidada durante más de una década alrededor del progresismo, los derechos humanos y el petrismo.

En X supera los 1,9 millones de seguidores, una de las cifras más altas entre los sectores políticos colombianos. En Facebook ronda los 628 mil seguidores, en Instagram supera los 539 mil y en TikTok alcanza más de 231 mil.

Su estrategia digital no gira alrededor del espectáculo permanente sino de la construcción ideológica y la movilización militante. Sus publicaciones priorizan derechos humanos, memoria histórica, defensa del Gobierno Petro, agenda social y activismo político.

La izquierda colombiana ha demostrado durante años una fuerte capacidad de organización narrativa en redes sociales. Hashtags, cadenas de difusión, videos militantes y activismo digital fueron fundamentales para consolidar el ascenso político del petrismo incluso antes de llegar al poder.

Sin embargo, ese ecosistema también enfrenta cuestionamientos recurrentes sobre polarización, burbujas ideológicas y dinámicas de hiperpolitización digital que reducen el debate público a trincheras enfrentadas.

Cepeda representa justamente ese modelo: menos espectacular que otros candidatos, pero profundamente conectado con una comunidad política activa y altamente movilizada.

Cuando el algoritmo también entra en campaña

¿Toda esa potencia digital realmente se traduce en votos?

La experiencia reciente demuestra que no necesariamente. Tener millones de seguidores no garantiza ganar elecciones. Tampoco dominar TikTok significa controlar la conversación nacional fuera de internet.

Las redes sociales amplifican emociones, aceleran la polarización y premian los contenidos rápidos, simples y confrontacionales. El algoritmo suele favorecer indignación, identidad y conflicto antes que discusión compleja o deliberación profunda.

Por eso la campaña presidencial de 2026 muestra que los candidatos ya no solo compiten por estructuras políticas, maquinaria electoral o presencia territorial. También compiten por visibilidad, atención y capacidad de permanecer dentro del flujo digital cotidiano.

Paloma Valencia representa una derecha tradicional intentando adaptarse al nuevo ecosistema de plataformas.
Iván Cepeda encarna la consolidación de una militancia ideológica hiperconectada.
Y Abelardo de la Espriella parece haber entendido que, en tiempos de algoritmo, el escándalo también puede convertirse en estrategia electoral.

La elección está a menos de 15 días de definirse. En la política contemporánea, el poder también se mide en reproducciones, interacción y capacidad de dominar la conversación digital.

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