El descenso del Boyacá Chicó y la permanencia de Patriotas en la Primera B dejan al estadio La Independencia sin los grandes encuentros del fútbol colombiano en 2027. En el escenario se han invertido miles de millones de pesos y ahora se proyectan nuevas obras. Mientras algunos aficionados reclaman su terminación, la ausencia de equipos en la máxima categoría abre un serio interrogante sobre la conveniencia de seguir destinando cuantiosos recursos públicos a su ampliación.
Tunja tiene un estadio de primera, pero se quedó sin fútbol de primera. El descenso del Boyacá Chicó, tras empatar 1-1 frente al Junior de Barranquilla, y la imposibilidad de Patriotas de regresar a la máxima categoría dejan al estadio La Independencia, el ‘Metropolitano’ de la capital boyacense, sin los grandes partidos del campeonato colombiano para 2027.
La paradoja es que mientras los dos equipos de la ciudad tendrán que disputar el torneo de ascenso, la Gobernación de Boyacá avanza en un proyecto para completar y ampliar el escenario, cuya ejecución podría demandar inversiones cercanas a los $100.000 millones.
La Independencia ha sido objeto de importantes inversiones públicas. Para 2011 se reportaban cerca de $22.830 millones destinados a la construcción y ampliación de las tribunas oriental y norte. Posteriormente se realizaron otras adecuaciones y, apenas en agosto pasado, la Gobernación invirtió $350 millones en la instalación de 24 nuevas luminarias.
A pesar de esos esfuerzos, el estadio continúa inconcluso. Algunos aficionados han reclamado durante años la terminación de las graderías y otras instalaciones previstas en los diseños originales. Incluso se promovió una acción popular relacionada con las obras pendientes.
El gobernador, Carlos Amaya, anunció en noviembre de 2025 su intención de ampliar la tribuna occidental y construir una tarima cultural permanente. Estimó inicialmente el proyecto en unos $100.000 millones y, en mayo de este año, anunció la aprobación de más de $6.900 millones para estudios, diseños, licencia e interventoría.
Sin embargo, la nueva realidad del fútbol tunjano obliga a preguntarse si tiene sentido comprometer semejantes recursos en ampliar un estadio que, incluso cuando contaba con dos equipos en Primera A, registraba una asistencia limitada en buena parte de sus encuentros. Sin los grandes clubes del país como visitantes habituales, la justificación deportiva de una inversión de esa magnitud resulta todavía más discutible.
El descenso también tiene consecuencias económicas. Los partidos frente a Millonarios, Nacional, América, Santa Fe o Junior atraían aficionados de otros municipios y generaban movimiento para hoteles, restaurantes, transportadores, comerciantes y vendedores informales. Esa actividad disminuirá con la participación de Chicó y Patriotas en un campeonato de menor convocatoria.
Tunja pierde, además, una importante vitrina nacional. Las transmisiones televisivas desde La Independencia mantenían el nombre de la ciudad en los principales espacios deportivos del país, una exposición que ahora será mucho menor.
El caso del Boyacá Chicó resulta especialmente preocupante. El equipo que se coronó campeón de Colombia en 2008, bajo la dirección técnica de Alberto Gamero, y que llevó a Tunja a la Copa Libertadores, acaba de sufrir su cuarto descenso en diez años: 2016, 2018, 2021 y 2026. Una trayectoria que obliga a reconocer los logros de Eduardo Pimentel, pero también a cuestionar la inestabilidad deportiva de su administración.
Patriotas, por su parte, tampoco logró recuperarse del descenso de 2024. Así, la capital boyacense, que llegó a tener dos representantes en la máxima categoría, se quedó sin ninguno.
Por supuesto, La Independencia seguirá siendo un escenario para el fútbol profesional, los conciertos y otras actividades. Su conservación y las intervenciones necesarias para garantizar la seguridad y el funcionamiento no están en discusión. Lo que debe examinarse es la conveniencia de emprender nuevas ampliaciones multimillonarias sin una demanda deportiva que las justifique y sin demostrar suficientemente su rentabilidad social y económica.
Porque si ya resultaba discutible seguir ampliando un estadio que rara vez llenaba sus tribunas cuando Tunja tenía dos equipos en Primera A, hacerlo ahora, cuando ambos están en la B, sería una decisión todavía más difícil de justificar.
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