Por | Jhon Daza / Dir. Teatro Experimental de Boyacá (TEB)
El teatro no es posible sin el público, el espectador, la audiencia y/o el asistente. Es un fenómeno, que solo sucede entre dos partes que comparten una experiencia en vivo, dialógica y convivial.
Un universo infinito de variables y de situaciones impredecibles han puesto actividades en crisis al no tener con quién compartir la experiencia escénica. En la mayoría de veces, si no hay un inventario de comunidades cautivas, se tienen museos solos, teatros vacíos, salas de exposición sin asistentes y recitales sin escucha.
La CasaTeb existe como espacio para el ritual del teatro, hace 18 años. Una de las infraestructuras más vivas del país, con programación permanente, actividades formativas y, sobre todo, una constante preocupación por el público.

Por eso, se han puesto en marcha estrategias para construir un público, no solo para la casa, sino para el teatro en la ciudad de Tunja.
En el año 2023 se elaboró una investigación denominada ‘encuentros y desencuentros entre la oferta y la demanda cultural en Tunja’ con el grupo consultor Emiyaya Soluciones Corporativas, para tener un documento técnico, con data fiable que permitiera entender lo que piensan los tunjanos; sobre la frecuencia y la asistencia a eventos artísticos y culturales. Un gran documento que concluyó, entre otras cosas, que la comunidad no se informa de las agendas y que los creadores, programadores y las entidades públicas, no piensan en el público cuando van a programar. La otra parte, el público, no es tenido en cuenta, ni en los espacios independientes, ni en las agendas institucionales responsables de pequeños o grandes eventos institucionalizados.
Eso permitió que la CasaTeb transitara en conceptos que incomodan en el hacer artístico. Pensar en oferta y demanda, en segmentación, en buyer persona, en marketing y, sobre todo, en la sostenibilidad. Incómodos, pero necesarios conceptos.
En la Casateb del año 2008 hasta al 2017, no se cobró por el ingreso a las actividades y del 2017 al 2019 se cobró un aporte voluntario, o, como ahora lo llaman, aporte consciente. Desde el año 2020 se ha trabajado en un pago por ingreso, que, aunque es un salto al reconocimiento económico a la labor artística, no significa más del 30 % de los costos que implican una presentación de grupos y artistas profesionales: atención y alimentación, hospedajes, transporte, honorarios artísticos, gastos fijos por servicios públicos y servicios profesionales, depreciación de equipamiento como iluminación y sonido, desgaste de la infraestructura y mantenimiento de la misma, entre otros. Es decir, costos que hacen insostenible la programación con un pago como el que ahora se tiene. ¿De dónde sale el 70 % faltante? del trabajo colaborativo, de canjes, de bolsas púbicas y del trabajo no remunerado del equipo de la CasaTeb.

Aunque parece tímido el proceso para reconocimiento económico a la labor artística por parte de la comunidad, ha costado 18 años construirse un público con esos hábitos. Es una apuesta de tiempo que seguramente se verá mejor reflejado con los cambios generacionales, aunque es posible que no existamos cuando se consolide.
En este sentido, se necesitan trasformaciones generacionales. La apuesta de la CasaTeb ha sido para la creación, la formación y la fidelización de públicos, desde la primera infancia y la niñez tunjana. De las cerca de 100 actividades que se realizan anualmente, 40 están dirigidas a este segmento poblacional. Son temporadas pensadas desde la curaduría de los espectáculos para niños (magia, teatro para niños, títeres, marionetas, clown, teatro físico, teatro cómico) hasta, el construir de un guion que permita que los peques tengan una experiencia de proximidad y de cercanía con el teatro.
Se realizan tres temporadas anuales. Desde el año 2014 se hace, “la temporada creciendo con la CasaTeb”, dirigida a niños y niñas de instituciones educativas privadas de la ciudad de Tunja, que busca que los más peques transiten su desarrollo conociendo nuestro teatro. La segunda se hace desde el año 2023, “la temporada mil niños al teatro”, la cual es una estrategia extraída, guardando las proporciones, de un programa de responsabilidad social del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y se invitan instituciones educativas públicas de la ciudad de Tunja de las zona rural y urbana. Y la tercera y última temporada denominada “de visita por la CasaTeb”, es una estrategia diseñada el año 2025 y a la que asisten niños y niñas de instituciones educativas públicas rurales de los municipios del área metropolitana de Tunja.

Son tres temporadas, todas con diferentes poblaciones, pero con las mismas actividades: Cada una con una semana de programación y tres funciones por día. Con visita guiada por todos los espacios de la CasaTeb y actividades de contacto con la infraestructura y la mecánica teatral, para que los niños conozcan y manipulen los dispositivos, consolas y equipamiento técnico, la caja italiana, los trucajes y todo lo necesario para el conocimiento del complejo mundo del hecho escénico. También se realizan muestras de experticias, demostraciones didácticas de pole artístico, telas aéreas, lira, trapecio, zancos y maquillaje de artistas en camerino. Para cerrar cada jornada, se realizan conversas con los artistas que estuvieron en escena, en donde ellos explican las técnicas de animación, los temas de la dramaturgia o anécdotas que familiarizan al artista con los niños y docentes asistentes. Al salir, todos se llevan recordatorios: títeres de dedal, títeres lengüeta, una mascara de papel o un chocolate.
Seguramente de esos cerca de tres mil niños que asisten anualmente a las tres temporadas, vuelvan algún día unos doscientos, siendo jóvenes, adolescentes o adultos. Que lleguen con bellos recuerdos, por voluntad propia a nuestra casa, o que simplemente regresen al teatro.
Estas tres estrategias intentan responder a los resultados de la ya mencionada investigación encuentros y desencuentros entre la oferta y la demanda cultural en Tunja, pero, sobre todo, de ofrecer una parrilla de programación pensando en quienes asisten y posiblemente vayan a asistir en un futuro próximo. Para concientizar sobre el complejo mundo del teatro, sobre la necesidad del pago justo al oficio, a la labor artística, la generación de economías para su sostenibilidad y para que crezca y sea de mayor calidad la agenda y la oferta cultural de la ciudad.
Esta es una de las apuestas por la creación de públicos de la CasaTeb. Hay que consolidarla, dialogarlas y hacer pedagogía. Hay una tarea tardía en Tunja y Boyacá: cómo hacer con los grandes eventos institucionales, como el FIC o el Aguinaldo boyacense. ¿Por qué? Porque tienen una gigantesca sombrilla presupuestal para campañas de medios, para una curaduría de alto nivel y para soportar logística y técnicamente todo. Aunque sean agendas institucionales, terminan siendo efímeras, que se suceden en un corto espacio de tiempo y que ofrece una agenda gratuita, o, más bien financiada, porque gratuita no es, a todos se les paga —como debe ser—, pero es soportada con recursos públicos.
Hay tensión con eventos institucionalizados, financiados con recursos públicos, sin una preocupación por la construcción de audiencias. Donde importa el sold out. Que necesita —más que públicos—, asistencia. Todos evalúan estos grandes eventos, con metas de asistencia, pero la transacción, la mediación y la experiencia pasan a un segundo plano. Son eventos públicos, mega eventos públicos que crean sombras bajo las sombrillas: que lo cultural, que la calidad, que la inversión en cultura y que las agendas, solo están relacionadas con ellos. Incluso se cambian las fechas y los artistas, no por curaduría, sino por agenda política o gustos de el de turno. Acá tampoco se ha escuchado a las comunidades, a la ciudadanía, ni a los productores, ni a los programadores. Y este tipo de eventos, tan efímeros, terminan echando al traste apuestas por la formación, creación y fidelización de públicos. En 8 días de eventos públicos, se envían a la basura procesos que han costado 18 años como es el caso de la CasaTeb. Se necesitan mas apuestas por el público. Se necesita una mirada institucional de largo aliento, se necesitan otras trasformaciones generacionales, culturales, que fortalezcan la experiencia artística en vivo y que trabajé por el asistente de hoy, pensando en el público de mañana.











