64 niños y jóvenes de Samacá ya conquistaron Valencia, España; ahora luchan para llegar al Mundial de Bandas en Países Bajos

Foto | Archivo

La Banda Sinfónica del municipio fue invitada al certamen más importante del planeta tras coronarse campeona en España. La comunidad ya reunió 450 millones de pesos con bazares, tamaladas y hasta recolectando dinero en los semáforos, pero aún necesita otros 400 millones para hacer realidad el viaje de 64 músicos.

Mientras Colombia sigue con atención el Mundial de Fútbol, en Samacá hay otro campeonato que tiene desvelados a decenas de familias. No se juega con balón ni se disputa en una cancha. Aquí el pasaporte para representar al país son clarinetes, saxofones, trompetas y percusiones. El premio no es una copa dorada, sino la posibilidad de demostrar que desde un pequeño municipio boyacense también se puede hacer música del más alto nivel.

Sesenta y cuatro niños y jóvenes de la Banda Sinfónica de Samacá fueron invitados a representar a Colombia en el World Music Contest (WMC), considerado el Mundial de las Bandas Sinfónicas, que se realizará en Kerkrade, Países Bajos. La invitación llegó después de conquistar el año pasado el certamen internacional de Valencia, España, un triunfo que puso el nombre de Samacá en el mapa mundial de la música.

Pero el mayor reto no será interpretar una obra frente al jurado, sino conseguir el dinero para llegar hasta Europa.

La participación cuesta cerca de 850 millones de pesos. Hasta ahora, gracias al esfuerzo de toda la comunidad, ya lograron reunir 450 millones, pero todavía hacen falta 400 millones para comprar tiquetes, pagar alojamiento y cubrir la logística del viaje.

Alcalde Wilson Castiblanco. Foto | Hisrael Garzonroa

«No estamos pidiendo recursos para un alcalde ni para una administración. Estamos pidiendo apoyo para 64 niños y jóvenes que representan la esperanza de todo un país», afirma el alcalde Wilson Castiblanco. Y esa esperanza se ha construido peso a peso.

En Samacá se han organizado bazares, rifas, conciertos, bingos y tamaladas. Los padres de familia venden alimentos; la administración municipal ha destinado recursos propios; y los mismos integrantes de la banda han salido a los semáforos a pedir ayuda con sus instrumentos y alcancías.

«Ya hemos conseguido un poco más del 50 % con actividades de la comunidad, pero necesitamos que el Gobierno Nacional, el departamento y la empresa privada nos abran las puertas», insiste el mandatario. Para Castiblanco, el proyecto trasciende lo artístico.

«La música transforma vidas. Aleja a los niños del alcohol, de las drogas y de la violencia. Nosotros creemos que la mejor inversión que puede hacer un gobernante es en cultura», asegura.


Laura Botía lleva seis años interpretando el clarinete. Recuerda que el viaje a España parecía un sueño imposible, hasta que el grupo ganó el concurso nacional de Paipa y surgió la posibilidad de competir en Valencia.

«Todos nos llenamos de alegría, luchamos y logramos llegar. Ganamos en España y gracias a ese esfuerzo hoy nos invitan a representar a Colombia en el Mundial de Bandas de Holanda», cuenta.

Foto | Hisrael Garzonroa

Para Nicolás Sierra, saxofonista y estudiante de Ingeniería Electrónica, la música ha sido una compañera de vida durante más de una década.

«Más que un grupo, somos una familia. Aquí muchos encuentran un espacio donde pueden ser ellos mismos. La música enseña disciplina, pasión y abre posibilidades para el futuro», explica.

Aunque ya ha participado en giras internacionales con la agrupación, asegura que siempre regresa a la banda porque allí aprendió mucho más que teoría musical.

«Es un lugar que, cuando lo conoces, no puedes dejar. Siempre vuelves porque hace parte de tu vida», dice.
La Banda Sinfónica que viajaría a Países Bajos es apenas una parte de una apuesta cultural mucho más amplia.

Según Laura Botía, alrededor de 2.000 niños y jóvenes hacen parte de las diferentes agrupaciones musicales del municipio. De ellos, 64 fueron seleccionados para representar a Colombia en el máximo escenario mundial de las bandas sinfónicas.

Por eso, en los próximos días continuarán las actividades para recaudar fondos. El viernes 10 de julio habrá una gran tamalada en la Plaza de Bolívar de Tunja y un concierto en el Teatro Bicentenario, con el respaldo de la Alcaldía de la capital boyacense.

Mientras afinan sus instrumentos y ensayan las obras con las que esperan emocionar al jurado internacional, los integrantes de la Banda Sinfónica de Samacá mantienen otra partitura abierta: la de la solidaridad. Porque antes de sonar en Europa necesitan que todo un país escuche su llamado.

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