
En las más recientes eucaristías del Caro y Cuervo, el curita Sergio [amado por las abuelas camanduleras de todo el país por su postura tan derecha, como si tuviera cruz de hierro en lugar de espina dorsal], desenterró, echó agua bendita a los huesos y volvió a enterrar a dos cínicos de la literatura colombiana. Gonzaloarango y Andrés Caicedo. El niño cura olvidó la literatura y basó su misa de TikTok en la vida y muerte de los personajes.
El otro sacerdote que salió a hacerle limpieza moral al autor de Noche sin fortuna, fue Harold Alvarado, quien publicó en su muro de Facebook una pastoral de cómo el márquetin editorial construyó después de muerto [con luces de neón sobre un cartón] el nombre AndrésCaicedo®. Como el curita Sergio, tampoco lo bajó de marica, drogadicto y suicida. H. al menos aclaró que no le gusta la literatura de Caicedo.
Intermedio para la pregunta cliché: ¿Se puede separar al autor de la obra? ¿Podemos juzgar una obra sin canonizar o condenar al autor? ¿Bueno o malo? A los academicistas les da rasquiña en el cuello cuando les preguntan si aquel par escribían bien [¿Qué es eso?]. Prefieren embarrar la respuesta con referencias de qué y quién fue el personaje. No salen del laberinto moral para concretar una crítica literaria.
Aburrido lector, esto que lee está muy lejos de pretender ser una crítica literaria. Caería también en el juego de ser más papista que el Papa.
Me harta ¡Que viva la música! desde sus pretenciosos signos de admiración. Lo leí de carambola mientras mis amigos del colegio jugaban billar, me sentaba en la mesa a fumar y beber cerveza para adivinar el delirio de esas páginas, de esos personajes que son siempre María del Carmen en un monólogo frenético. La juventud se me fue rapidísimo y no aprendí a jugar billar. Recuperé el aliento para Caicedo con Calicalabozo. A Gonzaloarango lo tengo en un pedestal y lo defiendo a cuchillo. En un marquito de plata puse una foto a blanco y negro que lo muestra despelucado y sonriente, con dos velones encendidos y el Manifiesto abierto de par en par para leer una línea todas las noches antes de dormir. Amén.
Para las próximas misas, el niño cura desollará y hervirá a Fernando Vallejo, rezará avemarías en vivo en Youtube durante veinticuatro horas por la condenada almita aguardientera de María Mercedes. Al que seguro le irá peor [o mejor según la cantidad de Me Gusta que logren monetizar en Instagram], será a nuestro cínico mayor Raúl Gómez Jattin. Las editoriales y los piratas aplauden. Amén.
El cura dice: Y, ¿dónde están los Arango y los Caicedo de hoy?
Todos responden: Dictando talleres de escritura.











