
Después del crimen, Raskolnikov volvió al apartamento de la vieja usurera. La obsesión por saber sobre las manchas de sangre en el suelo develó en él la culpa. El siempre bueno de Rodion, no consiguió abandonar la escena donde cometió el asesinato; volvió a ella una y otra vez, como si esperara que el lugar lo absolviera. Dostoievski deshilvanó el castigo desde el duelo psicológico.
El ruso Krasnov, como Rodion, es incapaz de librarse de la culpa y vuelve una y otra vez a la escena donde cometió su crimen. En busca de absolución ronda la alcaldía, antiguos contratistas, exempleados, compinches, socios y maquillistas.
Quiero proponerle, querido lector, que perciba y deguste junto a mí, la espora nihilista que esparce en redes sociales el ruso Mikhail Krasnov, exalcalde de Tunja. Como sacado de una epiléptica novela de Dostoievski, se percibe a sí mismo como un hombre extraordinario, incluso después de ser expulsado de la Alcaldía y expuesto como un farsante en sus solitarias convocatorias públicas.
La Alcaldesa encargada dijo a EL DIARIO en una entrevista, que gobierna en medio de una transición abrupta. Habló de rumores según los cuales, el exalcalde ruso habría enviado instrucciones a sus antiguos subordinados para no entregar información a la nueva administración. Acto seguido la joven María Paula, reconoció no tener pruebas y expresó el deseo de que todo fuera falso. Hizo bien. La democracia no puede alimentarse de rumores. Pero tampoco se puede ignorar que esos rumores revelan la sensación de que el exalcalde se resiste a abandonar el edificio. Sabemos que varios secretarios renunciaron porque la nueva administración les pidió cuentas claras.
Once candidatos para las elecciones atípicas recorren la ciudad y, aun así, la conversación pública vuelve al mismo nombre ruso.
Krasnov decidió apoyar a la exconcejal Sandra Estupiñán para la campaña a la Alcaldía (candidatura que juristas y fanáticos del like debaten en redes). Entiendo que Estupiñán quiera cobijarse bajo la sombra de aquel superhombre ruso para buscar los 19 mil votos que lo pusieron de alcalde. Pero, ¿qué gana él además de mantenerse más cerca de la escena de su crimen?
¿Cuál crimen?, se preguntará usted, inquisidor lector. Ya la justicia investiga. Por ahora, mientras no se demuestre lo contrario, es inocente. Por eso hablo de culpa y de no poder huir del escenario.
Este profesor universitario, se percibe aún como el mandatario de los tunjanos. Sigue llamándose alcalde en sus redes sociales: ‘Ruso Alcalde’. No se atreve a cambiar su nickname de influencer porque teme que lo olviden, que su nombre sea nada en las lagunas mentales de los tunjanos.
Como esos caóticos personajes, los tunjanos parecen debatirse entre la culpa y la fascinación, incapaces de decidir si quieren condenar su pasado o seguir viviendo dentro de él.












