Hay imágenes que explican mejor un debate que cien discursos. La de un toro corriendo con fuego en sus cuernos durante una corraleja en Sabanalarga, Atlántico, es una de ellas.
El episodio ocurrió este fin de semana y provocó tal rechazo que el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, pidió investigar lo sucedido y establecer responsabilidades. Al animal le instalaron elementos con fuego en los cuernos y lo soltaron al ruedo como parte del ‘espectáculo’.
Y justamente cuando el país vuelve a preguntarse hasta dónde puede llamarse tradición a una diversión basada en el sufrimiento de un animal, un grupo de congresistas decidió ir en sentido contrario: firmó una iniciativa que busca abrirles nuevamente la puerta a las corridas de toros, después de que la Ley No Más Olé estableciera su prohibición. La Corte Constitucional mantuvo vigente esa ley y la prohibición plena comenzará el 22 de julio de 2027.
Entre quienes aparecen respaldando la iniciativa hay dos congresistas boyacenses del Centro Democrático: la senadora Zandra Bernal, de Socha, y el representante Eduar Triana, de Maripí.
Valdría la pena que ambos les explicaran a sus electores qué encuentran de rescatable en regresar a un espectáculo en el que el sufrimiento del animal hace parte de la función.
Porque una cosa es defender las tradiciones y otra muy distinta pretender que todo lo que hicieron nuestros antepasados debe conservarse para siempre.
Boyacá tiene centenares de tradiciones dignas de defender: sus fiestas campesinas, la música, las bandas, la ruana, los mercados, la gastronomía, las romerías, los saberes rurales. No parece que necesitemos recuperar la de hacer sufrir a un animal para divertir a una multitud.












