
¿Qué los periodistas son raros? __ No soy parte de la tendencia; un valor atípico en las estadísticas de las rarezas desde cuando estudié con las monjas y recibí esos pellizcos retorcidos, pero que gracias a esas canalladas resolví la vida en este oficio trampero del que desertó Gabo, y el que nos hace más propensos al desatinó.
_ Ser raro, no es nada raro_ estoy segura que mucha gente se ha sentido identificada con este primer párrafo, algunas investigaciones sostienen que entre el 40 y el 50 % de los periodistas son obsesivos con el pasado, que dedicarse a juntar palabras, tiende al descalabro mental.
Digo_ Que la cosa empieza a ponerse lagrimosa, cuando el gremio de “raros” consume antidepresivos, se estima que alrededor del 36,5% de esos periodistas ocupan el podio. El gasto destinado por el estado es sólo del 2%, una cifra miserable que condena a la mayoría a aliñar la angustia en las rarezas. La respuesta de las EPS es una lista de pendiente, una tableta para seguir encadenados a la rabia como los perros, sólo que tarde o temprano es un perro que muerde.
Por cierto: Casimiro es un chiflado feliz de serlo, es un adicto a la pauta oficial, siempre en estado de alerta en ruedas de prensa, destraba con manía la desfachatez, recibe con locura las prebendas que reparte el poder para comprar silencios o elogios. El Casimiro como otros raros considera que, por sus contactos etílicos, políticos y empresariales, el cobro doble (sueldo más extorsión o favor) es un «derecho adquirido» Al parecer se le puede otorgar un Pulitzer boyacense en chifladuras, (lista la convocatoria).
Felices los raros que son libres porque no le temen a su propia diferencia, mientras que los «supuestos normales» viven atrapados en el sufrimiento diario de intentar disimularlo.
Escrito al margen: En la 82.ª edición de la Asamblea General de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) contra la libertad de prensa, se suma el deterioro económico de los medios y la revolución de la inteligencia artificial. Sabemos que publicar es fácil. Verificar es difícil. Y verificar cuesta. Cuestan las investigaciones y el tiempo necesario para comprobar una historia.











