La llamada “Capital Religiosa de Colombia” y cabecera de la provincia de Occidente, experimenta el confinamiento de unos 65.000 habitantes, para hacer frente a esta amenaza global. Sin embargo, el cierre de sus templos y santuarios, es la postal que resume la gravedad de la situación que se afronta, por estos días.
Chiquinquirá fue, por circunstancias históricas, una ciudad de enorme movimiento de personas. Lo propició su condición de ciudad religiosa al guardar el lienzo de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, principal símbolo de la devoción mariana, desde hace 433 años.
Pero, también lo favorece su condición de ciudad comercial, de ciudad cultural y poética, lugar de encuentro e intercambio de pobladores de tres departamentos y el territorio por donde pasó uno de las principales líneas férreas del centro del país.

Hoy el panorama muestra a la ciudad obligada a parar sus dinámicas comerciales y a suspender las actividades de sus instituciones educativas, sus universidades y su comercio, lo mismo que a cancelar sus eventos y cerrar sus principales templos y santuarios.
Sus espacios culturales se vieron obligados a cerrar. Entre otros, el Palacio de la Cultura “Romulo Rozo”, la Casa de la Cultura, la Biblioteca Pública “Julio Florez”, el Museo de Artes y Tradiciones y la Ludoteca Municipal Naves “Maria Ignacia Fajardo”.

Ante las medidas decretadas por el gobierno nacional, el actual mandatario Wilmar Triana González, se encontró con varios fenómenos difíciles de negar: sectores de población con alta vulnerabilidad, un grupo significativo de vendedores informales afectados y cientos de adultos mayores, que sufren el desamparo y la soledad.
Pero quizá, el mayor reto es contar con la herramienta pedagógica ideal para hacer entender los propósitos de esta cuarentena, a una ciudadanía angustiada. De ahí que el gobierno local expidió en las últimas horas un decreto donde se anuncia la posibilidad de arresto de los ciudadanos que incumplan las medidas decretadas para la cuarentena. Un decreto que le imprime mayor rigor ante algunos casos de desobediencia y desacato que puede poner en riesgo a toda la ciudad, frente a la amenaza de llegada de este virus.

Esa es la ciudad de esta crisis por el contagio del coronavirus. Llamada a ser la tercera ciudad más importante de Colombia en la época Semana Santa, después de Popayán y Tunja, Chiquinquirá fue de las primeras en el país, que consideró cerrar sus templos. Una medida que aun, muchos feligreses no comprenden, -pero aceptan-, en vísperas de celebrarse la tradicional Semana Santa.
Por ahora, los chiquinquireños asumen con orgullo, haber sido capaces de superar otras crisis registradas en la historia reciente. Como el envenenamiento del pan de 1967, que dejó cerca de 70 niños muertos. Una noticia que estremeció al país, y que dibujó la precariedad de sus instituciones de atención en salud; el temblor que la desoló por esos mismos años, pero también, la crisis por el agua potable: una lucha interminable por contar con un servicio de acueducto digno y permanente, que aún hoy sigue siendo el gran anhelo para ver, por fin, el sendero de desarrollo de esta ciudad.