
Por segundo año consecutivo, Boyacá fue escogido como el mejor destino regional de Sudamérica en los World Travel Awards, considerados los Óscar del turismo, por encima de reconocidas regiones de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. El departamento también ha sido distinguido tres veces seguidas como el más acogedor de Colombia. Ahora el reto es aprovechar esos reconocimientos para atraer más turistas, generar empleo y llevar los beneficios de esta industria a sus 123 municipios.
Boyacá tiene motivos para celebrar, pero también una enorme oportunidad que no debería desaprovechar. Por segundo año consecutivo acaba de ser elegido como el mejor destino regional de Sudamérica en los World Travel Awards 2026, uno de los reconocimientos más importantes de la industria turística internacional.
El departamento superó en esta categoría a La Araucanía, de Chile; Canelones, de Uruguay; Mendoza, de Argentina, y Minas Gerais, de Brasil, regiones con una reconocida trayectoria turística.
La distinción fue otorgada por los World Travel Awards, una organización internacional que desde hace más de tres décadas premia a los mejores destinos, hoteles, aerolíneas y empresas del sector. No se trata de una declaración de la Unesco ni de algún gobierno, sino de un reconocimiento de la propia industria turística, mediante un sistema de nominaciones y votaciones.
¿Y qué tiene Boyacá para merecer semejante distinción? Muchísimo. Pocos departamentos colombianos reúnen tanta diversidad de atractivos en un mismo territorio: pueblos coloniales, páramos, nevados, lagunas, aguas termales, arquitectura, historia, gastronomía, artesanías, turismo religioso y de aventura, además de una cultura campesina que conserva buena parte de sus tradiciones.
Ahí están Villa de Leyva, Ráquira, Monguí, Paipa, el Lago de Tota, el Parque Nacional Natural El Cocuy, Chiquinquirá, Iza, Tibasosa y Nobsa, entre muchos otros lugares. Y también están las provincias menos promocionadas, con paisajes, costumbres y atractivos que buena parte de los propios boyacenses desconoce.

A eso se suma una ventaja que otros destinos quisieran tener: la cercanía con Bogotá, uno de los principales mercados turísticos del país y puerta de entrada de miles de visitantes extranjeros.
Lo interesante es que este reconocimiento no es nuevo. En septiembre de 2025 Boyacá obtuvo el mismo premio, durante una ceremonia celebrada en Cancún, México. En aquella oportunidad lo recibieron la gestora social del departamento, Daniela Assis, y la entonces secretaria de Turismo, Ana María Rojas.
Y hay otro antecedente que vale la pena recordar. En marzo de este año, Booking.com, una de las plataformas de alojamiento más conocidas del mundo, escogió a Boyacá, por tercer año consecutivo, como la región más acogedora de Colombia, de acuerdo con las valoraciones de los viajeros.
Es decir, Boyacá no solamente está siendo reconocido por sus atractivos, sino también por la hospitalidad de sus habitantes y la atención que reciben quienes lo visitan.

Sin embargo, conviene poner las cosas en su justa dimensión. Ser elegido el mejor destino regional de Sudamérica no significa necesariamente que Boyacá reciba más turistas que otras regiones del continente, ni que el premio venga acompañado de dinero para invertir en infraestructura o promoción.
Lo que sí representa es una magnífica carta de presentación ante los mercados nacionales e internacionales. Y ahí es donde comienza el verdadero trabajo.
¿Qué van a hacer la Gobernación, las alcaldías, los empresarios y los operadores turísticos para aprovecharlo?
Porque de poco serviría acumular premios internacionales si estos terminan convertidos únicamente en fotografías, felicitaciones, discursos y publicaciones en las redes sociales.
Boyacá necesita aprovechar esta oportunidad para promocionarse con mayor fuerza dentro y fuera de Colombia, atraer visitantes que permanezcan más tiempo en el departamento y, especialmente, conseguir que el turismo no se concentre siempre en los mismos municipios.

¿Por qué no ofrecer recorridos que permitan conocer varias provincias en un solo viaje? ¿Por qué no promocionar con mayor fuerza la gastronomía campesina, las rutas religiosas, los pueblos artesanales, los paisajes naturales y las experiencias rurales? ¿Por qué no buscar que los turistas extranjeros que llegan a Bogotá incluyan a Boyacá en sus itinerarios?
También es necesario atraer inversiones, mejorar la infraestructura hotelera y fortalecer a los pequeños empresarios, guías, artesanos, restaurantes y prestadores de servicios que viven de esta actividad.
Claro que hay dificultades por resolver. El estado de algunas carreteras, la falta de señalización turística, los problemas de conectividad, la informalidad y la escasa promoción de numerosos destinos siguen siendo obstáculos para aprovechar todo el potencial del departamento.

Y hay algo que tampoco puede perderse de vista: el crecimiento del turismo debe ir acompañado de medidas para proteger los páramos, las lagunas, los pueblos patrimoniales y los demás atractivos naturales y culturales. No tendría sentido que una mayor afluencia de visitantes terminara deteriorando aquello que precisamente vienen a conocer.
Por lo pronto, Boyacá tendrá una oportunidad para mostrar su potencial los próximos 22 y 23 de octubre, cuando Villa de Leyva sea sede del Encuentro Nacional de Turismo Receptivo de Anato, que reunirá a empresarios y operadores de esta industria.
Será un buen escenario para comenzar a traducir los reconocimientos en negocios y nuevas oportunidades.
El departamento ya consiguió algo que no es fácil: que su nombre figure durante dos años consecutivos entre los grandes destinos turísticos de Sudamérica. Ahora falta lo más importante: saber aprovecharlo.
Una cosa es recibir el premio al mejor destino regional del continente y otra conseguir que ese reconocimiento se traduzca en más visitantes, mayores ingresos, nuevos empleos y mejores oportunidades para los boyacenses.
Ese debería ser el verdadero propósito: que los premios no se queden en las vitrinas de las entidades oficiales, sino que sus beneficios lleguen a los hoteles, restaurantes, comercios, artesanos, campesinos y emprendedores de los 123 municipios de Boyacá.










