Del gueto nazi al bloqueo USA

Muro del gueto de Varsovia. Vista del Palacio Lubomirski bombardeado en el parque Puerta de Hierro, 24 de mayo de 1941.

Por | Manuel Humberto Restrepo Domínguez

La naturalización de un mundo sin legalidad, con normas que el poder no cumple, ni reglas distintas a las de la fuerza en lo geopolítico y de saqueo y despojo en lo geoeconómico, ha puesto al descubierto la versión más fascista del capital rumbo al holocausto global. El régimen nazi de Hitler es el ejemplo más extremo de segregación planificada y de deshumanización en el siglo XX y Trump abre paso al nazi-fascismo siglo XXI. Los guetos fueron espacios urbanos degradados, con dispositivos políticos para aislar, someter, controlar, empobrecer y exterminar deliberadamente a una población previamente despojada de derechos y tratada como subhumana. En el gueto de Varsovia, miles de personas fueron confinadas en áreas reducidas, aisladas, privadas de alimentos suficientes, sometidas a epidemias y finalmente deportadas a campos como Auschwitz-Birkenau o Treblinka. El gueto fue, una antesala del exterminio, donde la exclusión jurídica y política se transformó en segregación territorial, despojo y muerte planificada, algo similar pero ahora contra naciones enteras ocurre ahora.

     La comparación de los guetos con los bloqueos contemporáneos, los asesinatos a mar abierto, las acciones para impedirle a una nación autodeterminarse, crearle hambrunas, provocarle enfermedades, amenazar con destrucción a quien intente ponerse del lado de las víctimas (aunque exige prudencia conceptual y ética), posibilita equiparar fenómenos históricamente distintos que se están repitiendo en diferentes escalas pero con patrones estructurales de poder similares, que usan el aislamiento político y económico, la asfixia material por restricción del acceso a mercados, financiamiento, medicamentos, tecnología y bienes básicos como instrumentos de presión para destruirlos como ocurre contra Cuba, Venezuela, Irán y el genocidio en curso sobre Palestina.

    Con una misma lógica de acumulación y de poder el gueto nazi y el bloqueo económico contemporáneo son parte del proyecto nazi-fascista de producción deliberada de aislamiento para controlar y hacer morir. En los guetos, el aislamiento era físico y territorial; los muros y las alambradas separaban a la población judía del resto de la ciudad. Hoy los bloqueos económicos son contra naciones enteras, con aislamiento financiero, comercial y tecnológico, con muros físicos y alambradas y muros jurídicos que separaran a escogidos de parias, a ricos de pobres, a blancos de negros, a los con papeles de los sin ellos, a los con todo de los sin nada, a los superhumanos de los sin derechos.  En los dos escenarios, el poder hegemónico (ilegitimo, criminal e inmoral) se restringe el “libre” acceso a lo esencial para que la escasez lleve a la precariedad y está al hambre, la enfermedad y la muerte, al tiempo que los victimarios desde afuera (y los traidores adentro) agitan falsas libertades y seguridades para responsabilizar a las mismas víctimas de su trágico destino.

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     El objetivo nazi era la aniquilación racial sistemática y los guetos la parte central del plan explícito de exterminio (solución final) y hoy las sanciones económicas se orientan al exterminio de quienes son condenados por negarse a modificar conductas estatales o de gobiernos, como garantía para evitar las consecuencias de la amenaza de eliminación física y política de una población no por identidad, sino por ideología.  En los guetos, la muerte era pausada, el hambre una política que se completaba con impedir el acceso a medicamentos, alimentos, energía, servicios básicos, hasta causar dolor, sufrimiento masivo y prolongado y desesperanza al ritmo de la narrativa de odio enfocada a convertir sociedades enteras en “amenazas” o “Estados paria”, con un lenguaje que estigmatiza, despersonaliza y convierte a sujetos concretos (individuales o colectivos) en abstracciones funcionales, a las que el poder nazi-fascista puede atacar o prescindir, matar y desechar sin ofrecer explicaciones.

   Las diferencias entre gueto y bloqueo no son de intención si no de escala y finalidad. Los guetos en secreto conducían a la eliminación física de una raza y cultura y los bloqueos abiertamente (no en secreto) se anuncian, publicitan y promueven, aunque formalmente ahora se pueda tratar, denunciar y debatir del derecho internacional, la soberanía y los derechos humanos. Después del gueto vino el exterminio que inicio con la exclusión legal, luego segregación espacial, después despojo de bienes materiales, hambre planificada, deportación masiva y asesinato sistemático. El exterminio no comenzó con las cámaras de gas, sino con una narrativa de odio distribuida por el ministerio de propaganda, hoy fielmente representado por la alianza de poderosos medios privados de des(información) y decenas de escogidos periodistas a su servicio encargados de la normalización gradual de la estigmatización, exclusión y silenciamiento y censura de la verdad, ocultando las causas y a los responsables de la tragedia. Los guetos redujeron a la población estigmatizada por el furher a su mera existencia biológica, la convirtieron en cifras y la trataron como mercancía humana para producir riqueza y poder, como los likes de hoy cada muerte como producía riqueza. Comprender el funcionamiento de guetos y bloqueos aparte de memoria histórica, advierte sobre los riesgos globales de las brutales agresiones disfrazadas de democracia sobre Cuba, Venezuela, Irán, Palestina y más.

P.D. Como en los guetos y campos de la infamia, de entre los débiles, el poder escogió traidores, a los que pagó con un día más de vida, para que engañaran a los suyos en la ruta al exterminio.

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