Una alternativa animalista al Senado

Juan Carlos Losada, en el Congreso de la República de Colombia, en Bogotá, el 1 de junio de 2023. Foto | Santiago Mesa / Vía EL PAÍS

Por: Sergio Alejandro Vargas Beltrán

La forma en que una sociedad trata a los animales dice mucho sobre su ética. Durante mucho tiempo en Colombia el bienestar animal fue visto como un tema menor dentro de la política, casi como una preocupación marginal frente a los “grandes debates” nacionales. Sin embargo, cada vez más ciudadanos entienden que no se trata de un asunto secundario: es una cuestión de civilización.

En el Congreso de la República ese debate ha empezado a abrirse paso. Y uno de los congresistas que más lo ha impulsado es Juan Carlos Losada Vargas, #22 del Partido Liberal.

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Desde la Cámara de Representantes ha participado en iniciativas para endurecer las sanciones contra el maltrato animal, fortalecer la Ley de Protección Animal y llevar al debate legislativo prácticas que durante años habían permanecido normalizadas. También ha respaldado proyectos orientados a mejorar las políticas públicas de protección hacia animales domésticos y silvestres, y ha acompañado iniciativas que buscan avanzar hacia una legislación más ética frente al trato que la sociedad da a otras especies.

No es una agenda menor. En un país donde miles de casos de maltrato animal se registran cada año, y donde muchas veces la violencia contra los animales queda impune o minimizada, abrir estos debates en el Congreso significa empezar a cambiar la forma en que entendemos la relación entre los humanos y los demás seres vivos.

Pero este tema también plantea una pregunta más amplia sobre la política. ¿Qué tipo de causas queremos que estén representadas en el Congreso?

Durante años muchas decisiones electorales han respondido más a costumbres, presiones o maquinarias políticas que a la evaluación de lo que realmente han hecho los candidatos.

Por eso vale la pena recordar algo sencillo: el voto sigue siendo libre y secreto.

Ese momento frente al tarjetón permite algo fundamental: decidir con criterio, revisar trayectorias y comparar posiciones, preguntar qué ha defendido cada candidato cuando ha tenido poder.

En ese ejercicio, para muchos ciudadanos la defensa de los animales se ha convertido en una causa política relevante. Y cuando un congresista decide asumir esa agenda, no solo está hablando de animales: está hablando de empatía, de ética pública y de la forma en que una sociedad entiende la vida. Porque al final cada elección no solo define quién ocupa una curul. Define también qué valores llegan al Congreso.

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