
Esta fue otra de las acciones que llevó a cabo el presidente Santos en su visita Toca: la firma de la ley por medio de la cual la nación se vincula con la celebración del bicentenario de la Campaña Libertadora.
Y era aquí donde se aspiraba que de labios del Presidente se escuchara la estrategia de impulso al desarrollo y a la redención social de la región. Sin embargo, Santos no comentó lo que en la nueva ley se refiere al apoyo de la Nación para llevar a cabo la ejecución de obras o inversiones diversas que son urgentes para redimir social y económicamente al territorio que comprende la ruta Libertadora.
Pero en realidad, el contenido de la ley y la ausencia de la precisión sobre los recursos y las acciones que se esperaban para el territorio del recorrido de la Ruta que comprende cuatro departamentos, no se debería en estricto sentido reclamar al presidente de la república, sino a la clase política de estos departamentos que jamás fue capaz de proponer y menos de impulsar y sacar adelante las propuestas de este tipo. Varias veces se planteó desde Boyacá y desde los otros departamentos, Arauca, Casanare e incluso Cundinamarca, que se hiciera un frente común para lograr este propósito, pero todo resultó infructuosos.
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Por eso ahora, si hay que señalar responsabilidades, todas les cabe a los que fueron en los últimos 20 años los representantes de estas regiones, que para el caso de Boyacá tiene un protagonista especial, el hasta ahora senador Jorge Hernando Pedraza, quien todo el tiempo se aprovechó de los anuncios rimbombantes que hacía diciendo que iría a promover la aprobación de la ley del bicentenario con todos los honores y los instrumentos de política social y económica para la celebración del bicentenario. Pedraza, desde 2009 prometió que él estaría al frente de la aprobación de la ley; sin embargo, pasó todo este tiempo y su acción jamás se vio, ya que lo que contiene el texto de la ley recién aprobada y firmada por el Presidente, no pasa de los protocolos y las buenas intenciones, sin lograr la concesión precisa de proyectos y sus correspondientes recursos.
En conclusión, la oportunidad de la celebración de los doscientos años de la gesta libertadora, será una oportunidad perdida para el departamento y la región, a menos que el nuevo gobierno le diera un especial impulso y se comprometiera en los próximos años, lo cual sería un auténtico milagro, dado que las prioridades del gobierno que comienza parecen distintas y el margen fiscal no es el mejor, cuando lo que se supone es que si algo queda será para el rescate de la economía paisa que hoy se encuentra en grandes dificultades con el casi seguro y definitivo colapso de Hidrohituango.