Política, poder y dignidad: Claves de la administración pública

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Por | Jhonathan Leonel Sánchez Becerra / Historiador con énfasis en Patrimonio y Museología

El complejo entramado de las relaciones sociales se balancea sobre tres conceptos fundamentales que definen su curso: la política, el poder y la dignidad que, aunque distintos, están profundamente relacionados. Su interacción determina, la estructura de las instituciones públicas, la justicia social y el respeto por los derechos humanos.

La política: influencia y gobernanza

La política es el espacio donde se toman las decisiones que afectan la vida de las personas, se gestionan y distribuyen los recursos públicos y, en el mejor de los casos, se busca el bienestar común. Se espera que, en una democracia, la política sea el reflejo de la voluntad popular, un espacio para la representación de los intereses de las comunidades y la toma de decisiones que promuevan el desarrollo en términos de salud, educación, patrimonio cultural, prosperidad social, derechos humanos y, en general; el acceso a los recursos.

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Pero no siempre, la política responde a los intereses de las mayorías, y en su lugar, debemos reconocer que los procesos políticos de representación están marcados por la lucha de intereses de los grupos económicos a través de la manipulación de los medios de comunicación.

En su forma ideal, la política fomenta la equidad, la justicia social y protege los derechos fundamentales. Por el contrario, cuando los actores políticos pierden los valores, la política se transforma en una herramienta de opresión, corrupción y perpetuación de las desigualdades.

El poder: origen y función

De acuerdo con el filósofo Michael Foucault, el poder es un tipo de relación estratégica que establecen los individuos en sociedad para su organización, como una especie de pesos y contrapesos. El poder es la capacidad de influir, controlar o moldear las decisiones y las acciones de los demás. En el contexto político, el poder se ejerce a través de las instituciones del Estado, por el gobierno y sus funcionarios, y se distribuye de manera piramidal a lo largo del orden nacional, departamental y municipal.

Históricamente, las estructuras del poder han estado concentradas en las manos de unos pocos: reyes, presidentes o dictadores que hacen parte de las élites económicas. Aunque en las democracias contemporáneas el poder se distribuye teóricamente entre las tres ramas del poder público: ejecutivo, legislativo y judicial, y tiene su origen en el voto popular, en la práctica vemos que el poder sigue estando en las manos de aquellos con mayores recursos o influencia.

El poder, cuando es empleado de forma legítima, sirve para garantizar la justicia, la seguridad y el bienestar de toda la ciudadanía, simpatizantes o no del gobierno. Por el contrario, cuando el poder se acumula en pocas personas que lo utilizan para su beneficio propio y los intereses particulares de una minoría, se vulnera la democracia y se violan los derechos de la mayoría.

La dignidad: derechos y formas culturales

La dignidad es un concepto fundamental que subyace a los derechos humanos y debe ser el principio rector de cualquier sistema político. La dignidad hace referencia al valor intrínseco de cada individuo, al respeto que se le debe en tanto ser humano, sin distinciones, independientemente de su origen o creencias. Es lo que otorga a las personas su derecho a ser tratadas con equidad y justicia.

En el panorama político, la dignidad humana se ve reflejada en el respeto a los derechos fundamentales como la libertad, la igualdad ante la ley, la protección contra la discriminación y el acceso a condiciones de vida dignas. La dignidad es, además, el principio que permite cuestionar el ejercicio del poder.

Cuando los servidores públicos desconocen y violan los derechos y la dignidad de los individuos, surgen el rechazo y las protestas sociales que reivindican la justicia y la reparación. La dignidad también tiene que ver con el respeto a las formas culturales con las que debe ejercerse el poder, es decir, a la observancia de las normas, los códigos de comportamiento sociales, la diplomacia y el protocolo.

En conclusión

El ejercicio del poder político debe ser un medio para garantizar la dignidad humana. El desafío, por lo tanto, es lograr que el poder político promueva la equidad, la justicia y la protección de los derechos fundamentales. Como ciudadanos, debemos permanecer en constante vigilancia, exigiendo que la política no se convierta en un juego para los gobernantes y se vulneren los derechos de los menos favorecidos. Que cada persona sea reconocida en su dignidad y pueda disfrutar de sus derechos sin temor a la discriminación y la injusticia.

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