Las recientes declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre Jesús y María Magdalena desataron una fuerte polémica religiosa, política y social en Colombia. Las palabras del mandatario, pronunciadas durante un evento público en Bogotá, generaron reacciones inmediatas de la Iglesia Católica, comunidades cristianas y líderes de opinión, y reavivaron el debate sobre los límites de la libertad de expresión en un Estado laico.
Durante su intervención, Petro hizo una reflexión personal sobre la figura de Jesús, afirmando que “Jesús hizo el amor” y sugiriendo que pudo haber sido con María Magdalena, al considerar que un ser humano como él no podía existir sin amor. Además, expresó su incomodidad con el uso del término “Cristo”, al señalar que, en su opinión, ese concepto fue utilizado históricamente para asociarlo con el poder y la realeza, alejándolo de su mensaje original.
«Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena, porque un hombre así, sin amor, no podría existir».
Las frases se viralizaron rápidamente en redes sociales, donde provocaron tanto críticas como debates ideológicos. Para amplios sectores cristianos, las declaraciones fueron consideradas ofensivas y carentes de sustento bíblico, mientras que otros usuarios defendieron el derecho del Presidente a expresar opiniones personales.
La Conferencia Episcopal de Colombia reaccionó con un comunicado oficial en el que rechazó las afirmaciones del mandatario. En el texto, los obispos señalaron que Jesucristo no puede ser objeto de especulaciones personales, recordaron que no existe respaldo teológico ni histórico que sustente una relación íntima entre Jesús y María Magdalena y pidieron respeto por la fe de millones de creyentes. También subrayaron que, en un Estado laico, los funcionarios públicos deben garantizar la libertad religiosa y evitar pronunciamientos doctrinales.
A la crítica católica se sumaron otras confesiones cristianas. La Confederación Evangélica de Colombia expresó su rechazo, advirtiendo que las declaraciones distorsionan el mensaje bíblico y trivializan una figura central del cristianismo. Líderes religiosos coincidieron en que María Magdalena es reconocida en los evangelios como discípula, no como pareja de Jesús.
Más allá del ámbito religioso, la controversia abrió una discusión pública sobre el papel del presidente como figura institucional, el respeto por las creencias y la responsabilidad del discurso político. Para algunos analistas, el episodio evidencia cómo una reflexión personal, pronunciada desde el poder, puede tener impacto nacional y profundizar tensiones en una sociedad diversa.
La polémica, lejos de cerrarse, sigue activa en redes y medios, confirmando que las palabras del jefe de Estado sobre temas sensibles no pasan desapercibidas y pueden convertirse en detonantes de debates que trascienden lo religioso.











