
Paloma Valencia escribió la peor literatura que leeremos esta semana. Y posiblemente algunos de los versos más horrendos con lo que nos toparemos en toda nuestra vida.
Este bodrio lleva el originalísimo título ‘Entre vos y yo’.
Mediante lágrimas y moqueos, en sus apartes legibles (porque tiene zonas incomprensibles de seguro hasta para la misma autora) dice así:
“Entre vos y yo
Nada
Sólo el silencio de tu cobardía
Mezquina, grosera, despiadada
A la pregunta siempre embustera
A la mirada parece confusa
Huele a traición suena amorosa
Entre las llamadas sólo los cables
Y un pájaro
Aquí el dolor del desierto
De lo que no es cierto
De eso que eras y no eres
ni fuiste
nada
sólo eso
nada
¡nada perdida!
reclamo muda
no hay respuesta que pueda rescatarme”.
Si no les ardieron los ojos, si lograron terminar la lectura del esperpento sin desesperarse, conviene señalar dónde se encuentra este texto y otros adefesios de similar jaez. Los publicó la actual candidata presidencial para el blog loquevimos.blogspot.com, que aún puede consultarse. Valdría la pena ver sus contenidos para divertirse un poco gracias a tanta desvergonzada cursilería que ahí puede leerse. Y antes de que le recomienden a su autora retirar de internet esas miserias.
No faltará quien salga a defender a la poeta Paloma Valencia en nombre de la democracia, de que supuestamente todos tenemos derecho a escribir lo que queramos. Hay que recordarles a esas personas que la palabra también se labra, se pule. No es producto de un desahogo sensiblero para dejar escrito sin revisión ni siquiera de la ortografía ni de la sintaxis. Aquí va otro ejemplo de esta escritura descabellada y hecha sin ningún tipo de conocimiento del oficio literario. Además, con pose de intelectual.
“neutral
natal
natural
natural
natural esa
naturaleza
natu rareza
noto realeza
nota realza
nota real
natu realidad
naturalidad
nieve
ni ve
no ve
nadie ve
nieva
nadie va
ni Eva
ni voy
ni va”.
En eso tiene razón, “ni voy ni va” ni ella ni este patético intento de jugar a la poeta.
Es inútil recurrir a los argumentos semánticos o de técnica literaria ante los seguidores de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, quienes de materias lingüísticas y estéticas tienen más bien poco. Y eso que Oviedo estudió Historia del Arte. Y Paloma Valencia, en su lejana juventud, cursó una maestría en Escritura Creativa dentro de los programas de la Universidad de Nueva York.
Eso es quizá lo más irónico en las carreras de estos aspirantes al poder y a ser los capataces de la finca de Álvaro Uribe Vélez: tuvieron acceso a una formación supuestamente cotizada y propia de una élite, pero los resultados de esos estudios son bastante precarios. Basta con escuchar a Valencia o a Oviedo (también a su desastroso dúo tragicómico que aparece dentro de la entrevista para Cambio). Son la negación encarnada de una formación académica costosa, reputada, incluso humanística.
Al respecto escribió la poeta (ella sí poeta, no como Paloma Valencia) y ensayista Lina Alonso Castillo, hace unos días, lo siguiente:
“Las maestrías en Escrituras Creativas gringas me dan esa sensación de que todo lo plurimulticulti se encuentra en el pasillo de la universidad, en esos campus totalmente aislados de las ciudades, y se dan la mano por igual porque la clase no se traiciona -por algo están allá-, basta ver quiénes han salido de ellas, quienes están ahora en ellas y viviendo allá, o incluso quiénes llegan de allá a hacer qué aquí y a ser publicados por las mismas multinacionales. Por esa misma razón una presencia como la de Oviedo de fórmula vicepresidencial se hace tan elocuente en el Centro Democrático. Nada más provechoso que la academia gringa a la hora de peinar y ponerle corbata al disenso político, se dieron cuenta, hace muuuucho tiempo que ser escritor, artista, investigador queer, vegetariano, propalestinafeministoantiespecista o lo que fuera, no reñía en lo absoluto con el capital si estaba financiado por él mismo o que incluso lo alimentaba con colorcito y sellos, que se podía domesticar cualquier causa porque al fin y al cabo ese es su lavado de cara para poder entrar /intervenir a los países productores de materia, de conocimiento, de otros poderes, y sobre todo productores de esas identidades que tanto abanderan y protegen, y que terminan despersonalizando y desarticulando las luchas por el territorio, por el trabajo, por la vida; Oviedo le juega a la derecha sin asomo de asco porque siempre ha hecho parte de ella, del relato normativo, como tantas cosas que uno lee de gente graduada de estas maestrías, puro juego de abalorios fácilmente traducibles a todos los idiomas, hechos con el molde que la regla instaura o les enseñó, hechos para lavar la cara del patriarca, del capital, de la hegemonía, eso sí, con un arcoíris y cuadros de Guayasamín como telón”.
Si Paloma Valencia hubiera seguido por el camino de la literatura tal vez nos hubiéramos ganado a una poeta menor y algo benéfico para este país: nos habríamos librado de una militante radical del uribismo, ahora con aspiraciones presidenciales y desde siempre poseedora de un discurso incendiario, rico en odio.
Los poetas flojos son, la mayor parte de las veces, gente inofensiva.
Paloma Valencia debió haberse quedado en esa zona mediocre de sus búsquedas.
Pero la realidad es otra.
Ojalá sus acciones y propósitos no sean tan horrorosos como sus poemas de medio pelo.










