
En estas campañas políticas al Congreso, en Boyacá los rojos andan dándole like a las publicaciones de conservadores que disparan contra los Verdes.
En tiempos de reconciliación marital, lo importante es encontrar un objetivo común, enfocarse en esa meta y conquistarla conjuntamente. Después de décadas de violencia, rojos y azules han encontrado batallas, contratos y misas comunes, reconciliaciones que sonrojarían a Enrique VIII.
Y es que, como reza el dicho: Para conservadores, los liberales. Basta con dar un vistazo a los videos de Ostos, candidato al senado por el partido del Tigre, pero con ADN conservador. En sus videos, cuando refiere malas gestiones y mal gobierno del jefe pluma verde, los primeros en dar ‘Me Gusta’ y compartir, son liberales.
Que hablen en contra de los verdes, a nadie le gusta más que a los rojos. Comparten, dan like y hasta pagan misas a la Virgen de Monguí. Porque para los liberales, quienes hoy están trepados en el Palacio de la Torre, son judas con los bolsos llenos de monedas de plata, de contratos: de tierra, de carbón, de acero, de asfalto.
Los godos en Boyacá, desde épocas de Humphrey Roa y de un entonces joven Mono Sánchez (¿alguien se acuerda qué hizo Hernando Pedraza por Boyacá? ¿Alguien se acuerda de Pedraza?), vienen despedazándose y regándose en otros partidos. Tuvieron que buscar refugio en otras toldas: Salvación Nacional, Cambio Radical, Partido de la U y Centro Democrático. Pocos emigraron al partido Mira, porque no quieren fallarle tanto a la Virgen y tener que convertirse en evangélicos. En el Pacto Histórico no se enlistan porque allá adoran al ‘Patas’; no les gusta nada que suene a democracia o equidad, esas son cosas del diablo y de comunistas (las gentes de bien sabrán disculparme el pleonasmo).
Los rojos también dan saltos de fe electoral para hundirse en las aguas conservadoras. Es el caso del muchacho que comparte apellido con el presidente de Nicaragua, duitamense que espera el favor de Dios y le devuelva los ocho mil votos que un día lo hicieron alcalde, y de costumbres muy conservadoras como la de manejar embriagado. Es que godo que se respete, sale a fiesta los sábados, unos tragos y unas damas o damos, y después el domingo confiesa sus pecados en misa. O que lo diga el concejal tunjano a quien una dama lo vincula de no pagar servicios en la zona de tolerancia de Bogotá.
A esa denuncia se sumó otra desde Tunja. Señalan a la administración krasnovista que, junto a la Policía, perfilan y persiguen a trabajadoras sexuales en mediaciones del antiguo terminal. Dice la denunciante: “Han querido sacarlas hablando de recuperación del espacio […] Presionando, cerrando las tiendas que les dan servicios a ellas […] Manejan la doble moral de tomar sus servicios y no pagarlos”.
Los rojos tampoco quieren a los krasnovistas porque dicen sentirse traicionados por el ruso. Dicen que el alcalde de Tunja, al buscar meter mano al bolsillo del jefe pluma verde, echó a patadas a todos los rojos de Rojas que tenían un contratico en la alcaldía.
Rojos y azules, tan perdidos que estaban en el mundo verde, lograron por fin encontrarse en el mismo objetivo: linchar al empresario que les quitó el negocio.
Hoy, domingo del Señor, mientras los rojos dan like a los videos de conservadores, los azules pagan misas por los liberales, para que se puedan descolgar por fin esa cruz que cargan por apoyar a los verdes para ganar la gobernación.












