
Ya que no todos podemos ser poetas
comprender lo sublime
o exaltar lo sencillo
hablemos francamente
confesemos nuestro fracaso
de hombres sin alas
de hojas muertas en el estío
nuestros engaños ciegos
sin metáforas vanas
nuestra identificación con todos
o con casi todos
y si alguien nos entiende
y fecunda nuestra impotencia
eso también es poesía
o por lo menos una gota
en la sed del infierno
cotidiano.
Rogelio Echavarría, el autor de este texto titulado ‘Lugar común’, cumple cien años. Es uno de los poetas más grandes que ha dado nuestro país.
Ni uno solo de los poemas que escribió se aleja del oído de sus lectores. Echavarría tiene la virtud de crear intimidad muy sólida con quien lo lee.
Fue periodista toda su vida. Y entre los afanes y las ingratitudes del oficio de informar pulió su libro ‘El Transeúnte’, que ya es un clásico en la historia literaria colombiana.
Solía andar en sus últimos años – cuando su precario estado de salud se lo permitía – por calles y cafés de Bogotá con un brazalete en el cual estaban inscritos su nombre y su número telefónico. Porque fue perdiendo la memoria a tramos largos y, a veces, no recordaba ni quién era. El escritor Andrés Ospina confesó que, mientras redactaba la novela ‘Ximénez’, le fue imposible activar los recuerdos de Echavarría. Debía ser poco lo que alcanzaba a evocar el poeta en torno a esos años Cuarenta y Cincuenta en los cuales fue periodista de El Tiempo y el Espectador.
Su ausencia de recuerdos estaba anunciada ya en aquel reportaje titulado ‘Memoria del poeta desmemoriado’, que le hizo Juan José Hoyos por 2006, http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/M/memoria_del__poeta_desmemoriado/memoria_del__poeta_desmemoriado.asp. Dejamos el enlace aquí para quien desee leer periodismo bien hecho.
En la Casa de Poesía Silva – Bogotá se le rendirá homenaje a Rogelio Echavarría el jueves 26 de marzo. Lo recordarán y hablarán de su obra Alejandro Echavarría, Pedro Alejo Gómez y Rodolfo Ramírez Soto.
De ‘El Transeúnte’, su libro fundamental, una compañía por recorridos urbanos y soledad citadina, compartimos con quien quisiera leer esta maravilla a la cual no le ha pasado el tiempo. Es nuestra manera de celebrar a ese magnífico poeta que fue Echavarría.
‘Vida corriente’ parece escrito hace sólo unos días.
VIDA CORRIENTE
La misma luz del sol el mismo sol y el mismo desayuno
—recuelo tibio y pan duro de recoleta—
el mismo beso y el mismo sombrero.
El periódico y siempre paralela
la calle a lado y lado su lectura
mismas letras igual nomenclatura
marcha del hambre sobre el capitolio
gobierno de los mismos misma guerra
siempre hacia el paredón o hacia el telonio.
Y el carro colectivo y su destino
de alfoz a plaza en alternada meta
a la misma hora con la misma gente
en la esquina de siempre pero siempre
fatal itinerario y rauda suerte
la misma ruta la misma rutina
alguien viene de lejos y aún le queda
alguien apenas entra ya se apea
alguien se baja acá y alguien avanza
alguien de pie adelante atrás sentado
alegre triste distraído humilde
estrecho holgado libre perseguido
a éste dónde lo he visto qué más vale
uno habla dos replican ella otea
yo en silencio tú sueñas él dormita
soledad recordando compañías
Juan rozagante Pedro deslardado
pobre al trabajo rico a su mercado
un hombre una mujer una familia
viejos al parque niños a la escuela
ruanas y Diores chompas prendedores
ajos y gasolina anís espliego
no se puede fumar apague el fuego
una mano en bolsillo equivocado
calderón calderilla tango roto
tocata en Bach y fuga de Gorgona
y moto con andante moderato
una limosna una canción protesta
el agente y el árbol cuánto falta
déjeme por favor perdón señora
el seguro de muerte en la cabrilla
cómo no te había visto adiós y ciao
de dónde viene aunque subió en la esquina
adónde va aunque vaya aquí conmigo
tan pronto como estamos ya no estamos
es que la vida es este bus corriendo
que de pronto paró y hemos llegado «.










