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Hoy alzo la voz en apoyo a las y los mineros tradicionales de esmeraldas en la región de Coscuéz, quienes enfrentan crecientes obstáculos para ejercer su oficio debido a las restricciones impuestas por el Estado a través de la institucionalidad. Estas medidas ponen en riesgo su sustento y la preservación de un saber ancestral.
Desde hace más de dos años, he trabajado codo a codo con esta comunidad, y llevo más de una década investigando el universo de la minería de esmeraldas. Desde la academia, me he dedicado a entender y documentar las dinámicas de la minería tradicional, con un enfoque especial en la participación de las mujeres, una realidad que ha sido invisibilizada por demasiado tiempo.
He llevado estos hallazgos a diversos espacios académicos nacionales e internacionales, pero hoy quiero que esta conversación también llegue a ustedes. La situación en la región es alarmante: el cierre de bocaminas y la destrucción de herramientas han dejado sin sustento a cientos de familias. Es momento de reconocer que la minería tradicional no es sinónimo de ilegalidad. Esta es una actividad con historia, con arraigo cultural y con una importancia vital para la economía local.

En la región existen diversas organizaciones sociales comprometidas con la defensa de los derechos humanos y el bienestar de la comunidad minera. Quiero resaltar el trabajo de la Fundación Mujeres con Propósito por Boyacá, de la cual hago parte como comunicadora social, y que ha sido clave en el acompañamiento y la visibilización de las mujeres mineras en su lucha por el reconocimiento de sus derechos.
También quiero invitarlos a sintonizar Radio SARBI 94.1, una emisora regional que ha sido una ventana de expresión para las y los mineros, permitiéndoles contar su realidad y hacer sentir su voz. Además, estén atentos a próximas publicaciones donde profundizaré en esta problemática y en la necesidad urgente de proteger la tradición minera de la región.
Es momento de escuchar, de entender y de actuar. La minería tradicional de esmeraldas no es solo un trabajo, es una forma de vida, una herencia y un pilar de identidad para toda una comunidad. ¡No dejemos que se apague su brillo!
*Soy Eylenth Andrea Pinilla Cañón, doctoranda en Antropología Social y magíster en Historia de América. Como académica y feminista, analizo la regulación del sector esmeraldífero en la primera mitad del siglo XX, marcada por la influencia de la Segunda Guerra Mundial. En la segunda mitad del siglo, estudio las prácticas extractivas de la minería tradicional y la inserción de las mujeres mineras de esmeraldas. Además, comparo las dinámicas sociales y económicas entre la minería de esmeraldas en Colombia y la de ámbar en México.