La Asamblea de Boyacá comenzó a estudiar el presupuesto departamental para 2027: nada menos que $2,2 billones, con un incremento proyectado del 11 % en ingresos y gastos. Una montaña de plata cuya distribución todavía no se conoce con precisión.
El presidente de la corporación, Julián David García, será el ponente del proyecto, que contiene cerca de 50 artículos y deberá pasar por la Comisión de Hacienda antes de llegar a la plenaria.
Pero hay un pequeño detalle que los diputados no deberían olvidar: el Tribunal Administrativo de Boyacá acaba de anular la Ordenanza 026 de 2024, mediante la cual se autorizó un empréstito para financiar obras viales. ¿La razón? Una controversia sobre el cumplimiento de los términos para radicar una ponencia.
García asegura que se respetaron todas las garantías y anuncia que apelarán ante el Consejo de Estado. Está en su derecho. Pero mientras la justicia resuelve, queda una lección elemental: en una corporación que aprueba presupuestos de billones de pesos, tan importante como saber sumar es saber contar los días.
Porque sería el colmo que, después de tantos debates, discursos y promesas de inversión, las obras para los campesinos y las vías de los municipios terminaran enredadas por un plazo.
Ahora viene el presupuesto de 2027. Ojalá los diputados revisen con lupa cada peso, cada artículo y, sobre todo, cada fecha.
Que no les vuelva a quedar grande el calendario.











