Iluminación navideña del Puente de Boyacá, enorme atractivo turístico, ventas millonarias y caos vial

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Las autoridades de tránsito no pudieron controlar lo que ocurrió en cada noche de la temporada de fin y comienzo de año. Los miles de vehículos que llegan de todas partes exceden la capacidad de los parqueaderos que son dispuestos a lo largo de varios kilómetros. Muchos conductores afectados por los trancones sugieren que deberían existir vías alternas. ¿Qué pasaría en el caso de una emergencia?

Desde hace casi 20 años cuando el gobierno de Jorge Eduardo Londoño decoró por primera vez el Puente de Boyacá con luces navideñas la concurrencia de público ha aumentado paulatinamente y hoy ese alumbrado no solo es un referente en los sitios turísticos de fin de año en el país, sino que se ha convertido en sinónimo de oportunidades económicas, ventas millonarias, pero también de caos en temas de movilidad regional.

Nadie sabe ni puede adivinar cuántas miles y miles de arepas boyacenses se han vendido durante el último mes en la gran cantidad de restaurantes ubicados en cercanías del Puente de Boyacá, cuántas aguadepanelas con queso, aguardientes, longanizas, almojábanas, chicharrones de cuajada, habas, quesos, envueltos y otros productos típicos boyacenses.
Emprendedores con parqueaderos, artesanías, restaurantes y muchos otros servicios y productos también ‘hacen su agosto’ en la temporada decembrina y ayudan a reactivar la economía regional.

Esa iluminación del lugar tiene un significado especial porque une la memoria histórica del país con el espíritu de la Navidad y el Puente de Boyacá no solo es un monumento, sino un símbolo de la independencia y de los valores que dieron origen a la nación colombiana.
Al iluminarlo en esta época del año, se resalta su importancia y se invita a recordar el pasado con respeto y orgullo.

La decoración luminosa también fortalece el sentido de identidad nacional. Al ver el puente iluminado, muchas personas sienten un vínculo más fuerte con su país y con sus tradiciones. Es una forma de enseñar a las nuevas generaciones que la historia no es algo lejano, sino parte de la vida cotidiana y de las celebraciones actuales.

Además, la iluminación navideña del Puente de Boyacá promueve el turismo y el encuentro familiar. Muchas familias visitan el lugar para admirar las luces, compartir momentos especiales y disfrutar del ambiente festivo. Esto ayuda a que el monumento sea un espacio vivo, lleno de alegría y significado.

Pero ni Londoño, ni José Rozo, Juan Carlos Granados, Ramiro Barragán o Carlos Amaya como gobernadores han podido tomar las medidas para evitar el problema que esas aglomeraciones originan para la movilidad regional.

El caos vial con motivo de la iluminación navideña del ‘Puente’ se ha convertido en una de las principales consecuencias de la masiva asistencia de público. La llegada simultánea de miles de vehículos, provenientes de distintos municipios y departamentos, supera la capacidad de las vías de acceso, generando largos trancones y retrasos significativos.

Durante la temporada decembrina, el flujo normal de transporte se combina con el turismo navideño, lo que provoca embotellamientos prolongados, especialmente en horas nocturnas y los fines de semana.

Los trancones afectan a muchos otros sectores económicos porque se trata precisamente de una vía nacional de alto tránsito.

Desde los primeros días de diciembre del 2025 hasta la noche del viernes 2 de enero utilizar la carretera entre Bogotá y Tunja a su paso por el Puente de Boyacá tuvo retrasos de dos a seis horas, como lo han denunciado usuarios de la vía que reclaman que se establezcan rutas alternas.

Los trancones se producen desde las 5 de la tarde hasta mucho después de la media noche, afectando también a habitantes de municipios como Ventaquemada, Tunja y Samacá.

El caos vial también afecta a las comunidades cercanas, ya que muchas vías se ven colapsadas o parcialmente cerradas. Esto genera molestias, retrasos en actividades cotidianas y problemas para el transporte público y de carga.

El colapso vial en el Puente de Boyacá obedece a la falta de parqueaderos suficientes y a los conductores que no acatan la orden de las autoridades de tránsito que sugieren no detenerse al lado y lado de la vía para dejar o recoger pasajeros. Muchos visitantes estacionan sus vehículos en las bermas o en zonas no autorizadas, reduciendo el espacio vial y aumentando el riesgo de accidentes. Esto obliga a las autoridades a implementar cierres, desvíos y controles que, aunque necesarios, incrementan la congestión.

A pesar de los esfuerzos de la Policía de Tránsito y las autoridades departamentales, el manejo del tráfico resulta complejo debido al volumen de asistentes. En algunos casos, las personas pasan varias horas intentando llegar o salir del lugar, lo que opaca parcialmente la experiencia festiva. Finalmente, el caos vial evidencia la necesidad de una mejor planificación.

Aunque la iluminación navideña del Puente de Boyacá es un evento cultural valioso, también plantea retos en movilidad que requieren soluciones como transporte público especial, horarios escalonados y mayor infraestructura, para que la celebración pueda disfrutarse sin afectar gravemente la movilidad regional.

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