Habermas, el filósofo del entendimiento


Por | Jacinto Pineda Jiménez, Docente de la Escuela Superior de Administración Pública ESAP

Habermas abogó por una democracia fundada en el entendimiento, el respeto, el disenso y una vida social donde el reconocimiento del otro fuese la base de la convivencia.

Por Jacinto Pineda Jiménez, docente Escuela superior de Administración pública ESAP
Ha muerto Jürgen Habermas, el sociólogo, el filósofo quien con su pensamiento marcó una época signada por la Segunda Guerra Mundial, la caída del imperio soviético, la reunificación alemana y los avances tecnológicos en las comunicaciones. Nació en Alemania en 1929 y fue testigo excepcional del convulsionado siglo XX e incierto siglo XXI.

Nació en pleno ascenso del nazismo y no fue ajeno al movimiento hitleriano pues hizo parte de sus juventudes, participación que causó debates sobre su vida, aunque hay consenso en señalar que su participación fue obligada por su padre a la edad de diez años. También un polémico llamado a Martín Heidegger, en 1953, para que rompiera públicamente con su pasado nazista lo catapultó en el debate público. En 1967 encendió el debate al acusar el movimiento estudiantil, en boga por la revuelta del 68, de practicar un “fascismo de izquierda”. Habló de la unión europea, abogó por el derecho cosmopolita y la unidad alrededor de la Constitución y no al nacionalismo. Leal a sus principios, vivió entre la polémica, el debate, pero el reconocimiento mundial a su obra, la de un gran pensador.

Su vida académica, el entorno, incluido las dificultades del habla, pues nació con paladar hendido, marcaron su enfoque teórico basado en la comunicación. La obra habermasiana tiene como fundamento la acción comunicativa, base para la comprensión de la sociedad, la democracia y la ética. Consideró el entendimiento como el objeto de la comunicación a través del cual los actores acuden al lenguaje para coordinar acciones y alcanzar consensos racionales no coercitivos.

Defendió el diálogo en la sociedad como mecanismo para transitar a la resolución de conflictos, pero bajo un diálogo que partiera del entendimiento en el cual se comprendiera el sentido de la acción del otro, es decir el reconocimiento de la subjetividad, de las creencias, la cultura, de la diferencia, de otras formas de vida. Confió en una comunidad ideal de diálogo, como principio ético, por ello afirmó “Debe haber una base común sobre la cual sea posible un entendimiento entre culturas, poderes de fe, paradigmas y formas de vida ajenos unos para otros”.

En la filosofía política juega un papel fundamental la democracia deliberativa, que parte de la acción comunicativa, la cual busca a partir del disenso construir consensos, de la diversidad hacer la unidad donde el principio fundante es el entendimiento. Afirma Habermas “solo pueden tener validez aquellas normas que pudiesen contar con el asentimiento de todos los afectados como participantes en un discurso práctico”.

El procedimiento tiende a hacer de la democracia un sistema abierto y respetuoso del disenso, sujeto al movimiento de la discusión y a la constante corrección, a la tolerancia, la no violencia, la libre elección, crítica y un muro contra los abusos de poder. Se requieren puentes de comunicación, basados en el entendimiento, que posibiliten la confianza, como elemento central para la consolidación de la democracia.

El entendimiento va con la vida pública en Habermas, por ello su concepto de esfera pública, central en la política, es un espacio donde los ciudadanos debaten los problemas de interés general, de manera libre y sin coacciones. En sus últimos años y ante el papel de las redes sociales estudió el desplazamiento de la esfera pública a las redes sociales, advirtiendo de sus riesgos, pero también de las bondades que ofrecía, pues el ciudadano contaba con un medio que le permitía el acceso a la información pública, pero también de manera libre opinar, para formar una opinión pública.

Criticó, como Kant, la instrumentalización del ser humano, convirtiéndolo en medio y no en el fin mismo. Pensó en la comunicación donde el entendimiento, el diálogo y la comprensión rompiera la visión mercantilista de la vida, donde los seres humanos son tratados como cosas. Llamaba el fenómeno como la colonización del mundo de la vida por parte de la economía y la burocracia.

La crítica a Habermas también es permanente, por ejemplo, la comunidad de dialogantes de la democracia deliberativa, llevada a la práctica se queda a mitad de camino, pues según los críticos es un idealismo filosófico con muy buenas intenciones, que al aplicarlos al mundo político no tienen cabida en la democracia real de los Estados. Pero como todo ideal, en especial en Colombia, ojalá los principios de Habermas guíen el camino.

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