El uno y el otro

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Por | Luis Alejandro Pulido Porras / Administrador de Empresas

El uno cantaba boleros y canciones de César Mora, el otro era el dueño de las emisoras donde se escuchaban los boleros de Los Panchos y Agustín Lara. El uno quería morirse de manera singular, el otro vivía sin duda, a lo Sinatra, a su manera. El uno nació en octubre, una semana antes del barrilete cósmico Maradona, el otro nació en julio, pero 30 años atrás, en el mismo año del astronauta Armstrong, que curiosamente nació un en agosto. El uno solía confrontar a los poderosos, el otro en cambio, prefería financiar a los poderosos. El uno era la fuente de las novelas, el otro el que las producía, aún con la renuencia de los familiares del uno. El uno bogotano y el otro santandereano. El uno abogado, el otro ingeniero. Ambos ilustres egresados y por ilustres polémicos egresados de la universidad pública.

El uno cuestionado por detalles insignificantes y dicientes como romper las botellas de la competencia, señalado por financiar grupos paramilitares y por su oportuno aprovechamiento de un gobierno golpeado y débil como el de Ernesto Samper en 1998. El otro bajo el manto de las dudas por detalles insignificantes y dicientes como su rol en la liberación de secuestrados o su accidentado paso por la alcaldía de la localidad de Sumapaz en la administración de Andrés Pastrana. El uno tremendamente visionario, el otro tremendamente creativo. El uno profundamente godo, el otro profundamente irreverente. Los dos machos, los dos a su modo, arquetipos del macho latino de sus respectivas épocas. Los dos testigos de un tiempo convulso del cual no se limitaron a ser solamente espectadores. El uno fetiche entre los actores, la política y las máscaras, el otro fetiche entre los negocios, la política y las máscaras. Sin lugar a dudas ambos debieron padecer penurias a su modo. En algún momento de la vida es claro que ellos al igual que nosotros debieron cantar Las Cuarenta desde lo profundo de alguna pena irresuelta. Quiso el antojo de las parcas y la violencia que ambos murieran un 13 de agosto. Jaime Garzón fue asesinado hace 23 años en Bogotá y Carlos Ardila Lülle falleció hace un año en la ciudad de Cali. Este espacio va dedicado a estas dos singulares personalidades, tan ricas y en ocasiones tan contradictorias, pero sin lugar a dudas, dos refinados productos de la condición humana y la colombianidad, que hicieron su arribo a mediados del siglo XX y de los cuales hoy sólo quedan las historias que se cuentan o se leen en lo que dura un bolero.

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