Con sobrados méritos, el ciclista de Cómbita es el mejor deportista que ha tenido el departamento de Boyacá en toda su historia. Solo hay dos ciclistas boyacenses destacados que se mencionan dentro de la nueva generación de ese deporte en Colombia: Jonathan Guatibonza (de Paipa) y Diego Camargo (Tuta).
Nairo Alexander Quintana anunció el fin de semana que la de este año será su última temporada y que en el segundo semestre de este año se bajará definitivamente de la bicicleta.
No solo ofreció una rueda de prensa para hacer el anuncio y no solo concedió sentidas declaraciones de prensa en las que, desde España, explicó algunas de la razones de su decisión, sino que le envió a los aficionados y, en general, al mundo del ciclismo, una carta en la que se refiere a lo que el ciclismo significó para su vida.
La carta de Quintana, difundida profusamente por la prensa especializada y por los portales de ciclismo de todo el mundo, dice lo siguiente:
“Hoy quiero hablarles desde lo más profundo de mi historia. Desde ese niño que creció entre las montañas, en Boyacá, donde la vida no era fácil, pero sí llena de sueños. Un niño que no tenía todo, pero tenía algo más fuerte, las ganas de salir adelante.
Recuerdo esos primeros caminos, el frío en las mañanas, las carreteras largas y una bicicleta que poco a poco se fue convirtiendo en mi compañera de vida. Así empezó todo.
Paso a paso, sin hacer ruido, fui construyendo un camino en Colombia, con equipos que me dieron la oportunidad de aprender, de caer y de levantarme.
Ahí aprendí que esto no era solo un deporte. Era una forma de vida. Así empezó todo, paso a paso, sin hacer ruido. Y en el 2012 llegó una oportunidad que cambió todo: Movistar Team confió en mí. No era solo un fichaje, era el comienzo de un sueño más grande de lo que alguna vez imaginé.
A partir de ahí vinieron momentos que marcaron mi vida y la de todo un país. Historias que no fueron solo mías, sino que fueron de todo un continente, y fueron de Colombia entera.
Cada subida, cada ataque, cada meta cruzada llevan el esfuerzo de ese niño de Boyacá, pero también el corazón de millones de personas que creyeron en mí. Y eso es algo que nunca voy a olvidar.
También hubo momentos en mi camino, etapas distintas en mi camino que me permitieron crecer como deportista y como persona. Fue un buen paso vivido con aprendizaje, con respeto y con muchísima gratitud.
La vida como el ciclismo da vueltas y volver a casa, a Movistar Team, fue más que un regreso. Fue cerrar un ciclo con el corazón lleno.
Quiero agradecer a cada compañero, a cada miembro del staff, a cada persona que estuvo detrás de una carrera, de una recuperación y de un momento difícil.
Gracias por hacer parte de este camino. A mi equipo de trabajo, a quienes han creído en mis proyectos, en la marca Nairo, en la visión. Gracias por caminar conmigo y sobre todo a mi familia, a mi papá, a mi mamá por enseñarme el valor del esfuerzo y la humildad.
A mi esposa que está hoy aquí conmigo acompañándome por estar en cada momento, en los buenos y en los difíciles y por ser apoyo, equilibrio y fuerza en mi vida. A mis hijos, Mariana y Tomás, por ser mi motivación más grande por recordarme cada día el por qué vale la pena seguir. Gracias, porque nada de esto tendría sentido sin ustedes.
También he tenido la oportunidad de crecer fuera del deporte, de prepararme, de formarme en la Universidad Sergio Arboleda en Colombia, en su escuela Business School.
Entendiendo que la vida también se construye más allá de la bicicleta. Porque sí, el ciclismo ha sido mi vida, pero no es el final de mi historia.
Hoy no hablo de despedida, hablo de comienzo. Un nuevo comienzo donde quiero seguir construyendo, crear empresas, abrir oportunidades, apoyar el deporte competitivo y también el recreativo y devolverle a la gente, a los jóvenes todo lo que el ciclismo me dio. Quiero que más niños sueñen como yo soñé.
Este camino continúa con la misma pasión, con el mismo compromiso, pero con nuevos sueños, porque esto no acaba aquí, esto apenas comienza. Gracias por acompañarme en cada kilómetro y gracias por creer. Seguimos adelante con el mismo corazón”.
A lo largo de su carrera deportiva Nairo le dio a Colombia y Boyacá 51 triunfos, entre ellos un título de la Vuelta a España (2016) y otro del Giro de Italia (2014).
Nairo dejará un enorme vacío, pero en círculos cercanos al ciclismo colombiano se comenzaron a preguntar quiénes son los pedalistas de la nueva generación, los que van a remplazar al boyacense o a pedalistas como Egan Bernal, Rigoberto Urán o Miguel Ángel López, que brillaron con luz propia.
El ciclismo colombiano tiene relevo, pero no es tan claro ni tan dominante como la generación que comienza a apagarse. Hay una transición, pero más dispersa y todavía en proceso de consolidación.
Entre los nombres mencionados en el entorno del ciclismo (equipos, prensa y procesos formativos) están: Diego Pescador, uno de los más prometedores en Europa; escalador, con perfil de vueltas por etapas; Daniel Arroyave, buen rendimiento en categorías sub-23, con proyección internacional; Adrián Bustamante, regular y resistente; parte de procesos de equipos continentales colombianos; y Alejandro Osorio, ya ha tenido pasos por Europa; talento probado aunque con altibajos.
Esos corredores hacen parte de equipos como GW Erco Shimano y estructuras de desarrollo que buscan reconstruir el camino hacia la élite.
Hay una generación intermedia (no tan jóvenes, pero aún no líderes absolutos de grandes vueltas):
Daniel Felipe Martínez, ya es realidad más que promesa, llamado a ser jefe de filas en grandes carreras; Santiago Buitrago, ganador de etapas en grandes vueltas, quizás el más cercano a consolidarse.
Entre los boyacenses están: Jonathan Guatibonza (de Paipa), velocista explosivo que dio salto a Europa (Movistar Academy) y Diego Camargo (Tuta), ya profesional, buen escalador, aunque aún sin gran explosión internacional.
El propio Nairo Quintana ha advertido que el ciclismo colombiano vive una especie de crisis estructural: menos equipos, menos apoyo y procesos débiles para formar talento.
Hay buenos nombres, pero no aparece aún un ‘nuevo Nairo’ o ‘‘nuevo Egan’.










