
La película Nuremberg (Vanderbilt, 2026) presenta a un tribunal de justicia internacional en el juicio y castigo a 22 responsables de los crímenes del holocausto nazi y busca establecer un precedente moral y jurídico frente a la barbarie nazi y sus atrocidades. La película reconstruye un episodio histórico alrededor de Goring, segundo al mando del Reich y plantea la advertencia de que, sin límites éticos claros, el poder institucional puede derivar en crímenes sistemáticos, y por ello la justicia debe operar como un mecanismo universal que trascienda fronteras y contextos políticos. Mientras el Juez Jackson se centra en buscar las pruebas jurídicas de la culpabilidad, el siquiatra Kelley busca el origen de la maldad, el escondite donde habita la lealtad al furher y se engendra la inhumanidad.
Nuremberg termina con la frase de que “la única pista de lo que el hombre puede hacer es lo que el hombre ha hecho” que abre la puerta para observar las razones que aún mantienen en impunidad a quienes configuraron un Reich local en Colombia, entre 2001 y 2022, sostenido a través de la lealtad al líder, que todavía parece intacta aun después de que supieron del horror provocado. Es lealtad personal a él, que está presente en el escudo del partido (como la cruz gamada). ¿Qué mantiene atado al círculo de poder y a miles de fieles seguidores a su líder, después de saber lo que pasó?, ¿un espíritu de maldad los une? ¿es temor al vació de perder a su guía y protector o angustia de perder privilegios unos o caer en la desesperanza otros? Durante ese periodo la seguridad democrática produjo lo peor de lo que ha hecho un hombre para imponer su obediencia narcisista y su egocéntrica maldad.
Mientras los crímenes de lesa humanidad, de guerra y contra la paz destruían la democracia, el Reich propagaba mensajes de éxito, realizaba falsos atentados obligando a pedir la seguridad que los mismos criminales ofrecían, con falsas desmovilizaciones de grupos inexistentes y falsos análisis ocultaba la sistematicidad de los crímenes y la propaganda (estilo nazi) anunciaba como escándalos y hechos aislados las terribles acciones que salían a la luz, impidiendo ver los patrones estructurales de la maldad como la instrumentalización de la fuerza pública, la captura del poder político por actores ilegales y mafiosos, la corrupción calculada y la transferencia de lo público a lo privado.
Después de saber lo que ocurrió, de conocer de los cientos de miles de cadáveres de los falsos positivos, las masacres del aro, el salado y, miles más, de los hornos crematorios, los fusilamientos, la desmembración y mutilación de cuerpos, los vejámenes sexuales, la persecución y destierro de millones de personas, el robo de tierras y bienes, el saqueo de la riqueza nacional, los fraudes electorales, la compra de votos y conciencias ¿por qué el círculo de confianza y miles fieles siguen a siguen ahí obedeciendo a su líder? los de Uribe dicen. ¿Es la lealtad o el temor lo que los ata al líder?
La magnitud de los crímenes superó lo imaginable. Maldad, inhumanidad, perversión, todo junto. Por su intencionalidad y sistematicidad las ejecuciones extrajudiciales de al menos 6402 civiles son un crimen de lesa humanidad, por el que numerosos militares, incluidos oficiales de alto rango como el general Mario Montoya Uribe han sido condenados penalmente, y aunque todavía no haya condena judicial la responsabilidad política y ética la tiene el líder, en su condición de presidente, jefe de Estado y comandante de las fuerzas armadas. La parapolítica reveló la concertación entre élites políticas regionales, paramilitares, empresarios y militares para ejecutar el plan de exterminio de opositores y la refundación de la patria. Decenas de congresistas fueron condenados, entre ellos Mario Uribe, senador y primo del líder. El espionaje (chuzadas) ejecutado por la policía política del régimen (DAS del tipo SS) contra periodistas, magistrados y opositores y la entrega de listas a paramilitares ordenando el asesinato de profesores, sindicalistas, estudiantes, lideres sociales, indígenas, llevó a la condena de altos funcionarios como Jorge Noguera (el buen muchacho), María del Pilar Hurtado, Andrés Peñate y Jorge Narvaez, del círculo directo del líder en el Reich local.
Yidis Medina (yidispolítica) confesó haber recibido beneficios del Reich por su voto decisivo para modificar la constitución y garantizar la reelección del líder, cuyo principal impulsor fue el senador Ciro Ramírez I, condenado por paramilitarismo y narcotráfico y padre de Ciro II, recién condenado por delitos similares, también están condenados Sabas Pretelt y Bernardo Moreno. Con Agro Ingreso Seguro Andrés Felipe Arias (Uribito) ya condenado, desvió el curso de las políticas públicas y de los recursos para los campesinos hacia los dueños del poder político y del capital. La corrupción en alianza transnacional ocurrió con Odebrecht, que con sobornos a políticos, empresarios y funcionarios aseguró contratos de infraestructura y cofinancio la esperada sucesión del poder a Oscar Iván Zuluaga y a congresistas como Otto Bula condenado. Y el imperio de la ley desde su centro principal en las altas cortes corrompió al sistema de justicia con magistrados como Gustavo Malo, Francisco Ricaurte, Leónidas Bustos, (cartel de la toga) que insertaron redes de manipulación de procesos judiciales y en paralelo fiscales como Camilo Osorio dilataron procesos y favorecieron el ocultamiento y la impunidad por violaciones a derechos humanos rompiendo el equilibrio de poder.
Interbolsa, la Refinería de Cartagena (Reficar), los bonos del agua de Carrasquilla y decenas de hechos de saqueo económico completaron el dossier de la maldad del régimen de la seguridad que con sevicia y odio provocó la muerte de cientos de miles de inocentes y pérdidas multibillonarias. Los patrones criminales del Reich local impusieron un modelo basado en el miedo, la violencia, el saqueo y la falsedad. Todos estos crímenes tienen como directo responsable moral y ético al líder del Reich y su partido, y con él las redes de lealtad que operaron con distintos grados de coordinación y tolerancia institucional con independencia del nivel de obediencia o complicidad. Hay jefes políticos de alto nivel que, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, aparecen de manera recurrente en el contexto de varios de estos crímenes, lo que más que un debate político exige del sistema de justicia determinar las responsabilidades penales e iniciar los juicios y castigos, en tanto no se trató de escándalos ni delitos menores, si no de crímenes internacionales… Si cae el furher cae todo su sistema.










