Un niño boyacense ha sido el ganador del concurso ‘Diseña el cambio’, promovido por la Fundación Terpel con el ánimo de innovar y generar cambios positivos para las comunidades.
En las dificultades está la oportunidad. Con tan solo 11 años y sin imaginarse el alcance de sus ideas, Samuel Andrés Bonilla, un pequeño niño de Tinjacá, lo comprendió; entendió que cada circunstancia compleja puede convertirse en una oportunidad de cambio.
En una clase y con tan solo observar una situación cotidiana, Samuel Andrés propuso una iniciativa, que de entrada parecía solo una solución para una problemática del día a día en su colegio.
Pero encontró en sus profesores el apoyo y respaldo para llevar esa idea lo más lejos posible, y el resultado es que Samuel Andrés viajará la próxima semana a representar a Colombia en un concurso de sostenibilidad en Taiwán.

Viendo que su iniciativa realmente tenía futuro, decidieron presentarla en el concurso ‘Diseña el cambio’, promovido por la Fundación Terpel. A nivel nacional tuvo que enfrentarse con varios proyectos sustentados en el uso de nuevas tecnologías, por lo que en algún momento llegó a dudar acerca de su idea, que parecía muy arcaica frente a los exigentes jurados.
Pero fue ese mismo carácter de simplicidad y de recursividad lo que deslumbró a los jurados para elegirlo ganador y encomendarle la tarea de representar a Colombia en Taiwán.
Samuel Andrés, que poco a poco va dimensionando lo conseguido, en un comienzo no percibió lo revolucionario de su idea, pues el reciclaje está inventado, pero nadie se ha atrevido a darle el valor y la importancia a cada uno de los recursos que pueden ser utilizados.
Su proyecto, además de buscar una solución a una problemática que aún la sociedad colombiana no ha podido encontrar, rinde honor a sus raíces, a sus antepasados, a las tradiciones boyacenses.
El simple hecho de ver a una persona cargar objetos en las manos y no hacerlo en un canasto, fue inquietante para Samuel Andrés, que no dudó en apelar a la recursividad colombiana, y dijo a sus maestros y compañeros, “hagamos capoteras, hagamos canastos, y hagámoslo con lo que no usamos, con lo que muchas veces resulta en las canecas y en los rellenos sanitarios”.
Hoy luego de recibir el apoyo de muchos y las críticas de unos pocos que no vieron el potencial de sus ideas, Samuel Andrés tiene la misión de conquistar a los jurados en Taiwán, que seguramente, en su vida, habrán visto una infinidad de dispositivos tecnológicos, pero quizás nunca un canasto elaborado con papel periódico reciclado.