¿Qué viene para Tunja con la salida de Krasnov?


Por | Jhonathan Leonel Sánchez Becerra / Historiador con énfasis en Patrimonio y Museología

Confirmada la nulidad de la elección de Mikhail Krasnov como alcalde de Tunja por la Sección Quinta del Consejo de Estado, muchos ciudadanos se preguntan inevitablemente: ¿y ahora qué?

Más allá de la sorpresa política o de las pasiones que ha despertado este episodio, lo cierto es que el ordenamiento jurídico colombiano establece con claridad el procedimiento que debe seguirse cuando se produce la salida de un alcalde elegido por voto popular.

De acuerdo con la Constitución y la ley, el procedimiento para la designación del alcalde encargado debe desarrollarse de la siguiente manera:

  1. Designación inicial del alcalde encargado.

Una vez el gobernador sea notificado de la sentencia, dispone de dos días para nombrar de manera inmediata un alcalde encargado. Esta designación debe recaer en una persona de la misma filiación política del alcalde.

Al mismo tiempo, el gobernador deberá solicitar al partido que avaló la candidatura —en este caso, La Fuerza de la Paz— el envío de una terna de ciudadanos pertenecientes a dicho partido. De esa terna se escogerá posteriormente al alcalde encargado que permanecerá en el cargo mientras se convocan nuevas elecciones.

  1. Si el partido no envía la terna.

Si dentro de los diez (10) días hábiles siguientes a la solicitud el partido no remite la terna, el gobernador queda facultado para designar libremente al alcalde encargado, aunque deberá respetar el partido político que inscribió al candidato.

  1. Requisitos para ejercer el cargo.

El artículo 86 de la Ley 136 de 1994 establece que para ser alcalde municipal se requiere:

  • Ser ciudadano colombiano en ejercicio.
  • Haber nacido en el municipio o haber residido en él durante el año anterior a la inscripción de la candidatura, o haber vivido allí al menos tres años consecutivos en cualquier época.
  1. Régimen de inhabilidades.

Las personas que integren la terna deberán cumplir el régimen de inhabilidades previsto, entre otras normas, en la Ley 1475 de 2011.

  1. Continuidad del programa de gobierno.

El alcalde designado o encargado deberá desarrollar su gestión conforme al programa de gobierno del alcalde elegido por voto popular, según lo establece el artículo 106 de la Ley 136. Es decir, incluso tras la nulidad de la elección, el programa presentado a los electores mantiene su carácter orientador.

Hasta aquí, el procedimiento institucional.

Pero lo verdaderamente interesante —y quizá más revelador— no está solo en la mecánica jurídica, sino en las tensiones políticas que esta crisis ha puesto al descubierto.

Durante las últimas horas, Krasnov publicó un mensaje que, por un lado, lanzaba críticas contra el gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, y por otro agradecía al fundador del partido La Fuerza de la Paz, Roy Barreras, por su confianza. El pronunciamiento volvió a sacudir el mapa de alianzas, lealtades y conveniencias en la capital boyacense y recordó una verdad elemental de la política: rara vez es estática y casi siempre profundamente práctica.

Sin embargo, el interrogante de fondo es otro: ¿cómo se deterioró tan rápido la relación entre Amaya y Krasnov?

La paradoja se vuelve más evidente cuando se revisan algunas declaraciones del propio Krasnov. En una entrevista concedida el 26 de enero de 2024 al periodista ruso Alexey Pivovarov para el programa documental La Redacción, el entonces alcalde habló con sorprendente franqueza sobre el gobernador:

“¿Sabe cuál es el problema con Carlos Amaya? Que a él lo único que le importa es ser presidente. Él lo tiene todo muy claro: quiere ser presidente. Esa es su prioridad número uno… ¿Y qué le hace falta para lograrlo? Necesita exposición mediática, y yo le quité toda esa exposición mediática”.

La afirmación no solo sugiere una crítica directa al proyecto político del gobernador, sino que además revela algo más profundo: Krasnov percibía su propio triunfo como un factor capaz de disputarle liderazgo regional a Amaya.

La breve luna de miel entre ambos —si es que alguna vez existió— parece haber terminado tan rápido como empezó.

Pero hay otro elemento igualmente revelador. En la misma entrevista, Krasnov explicó cómo inicialmente buscó ser candidato independiente mediante recolección de firmas, pero al no contar con los recursos económicos suficientes para continuar ese proceso, decidió aceptar el aval del partido La Fuerza de la Paz.

Incluso llegó a afirmar, en con un tono abiertamente despectivo:

“…Y ahora los representantes del partido me tratan como a una vaca sagrada, porque hasta ahora el único que ha ganado algo realmente importante para ese partido he sido yo”.

La frase deja entrever una relación más conveniente que ideológica, una alianza construida más sobre necesidades electorales mutuas que sobre coincidencias programáticas. Lo paradójico es que durante buena parte de su campaña —y aún después de ganar— Krasnov insistió en presentarse como un candidato independiente, distanciándose públicamente del mismo partido que finalmente avaló su candidatura.

Las preguntas, entonces, son inevitables:

¿Será que Krasnov sigue pensando lo mismo de su partido ahora, después de su salida del cargo?

¿hasta qué punto el proyecto político que los llevó a la alcaldía, ha comenzado a integrarse a las dinámicas de poder regional?

Porque el propio Krasnov —considerado el líder natural del partido a nivel municipal— siempre se opuso a la conformación del directorio municipal del partido que lo avaló. En otras palabras, nunca se preocupó por organizar ni fortalecer la estructura política que lo llevó al poder.

La explicación parece más simple de lo que muchos quieren admitir: las bases fueron útiles mientras sirvieron para ganar la elección.

Si algo deja esta crisis es una lección incómoda para la política local: muchas candidaturas que se presentan como “independientes” terminan, tarde o temprano, orbitando alrededor de las maquinarias tradicionales de poder.

Y Krasnov, no fue la excepción. Por el contrario, terminó integrándolas rápidamente. No solo negó a su propio partido, sino que también desconoció y marginó a buena parte del equipo que lo acompañó durante la campaña. Primero entregó los principales cargos de dirección de la administración municipal al liberalismo cercano a Rodrigo Rojas y luego, a los sectores verdes vinculados al gobernador Amaya.

Ahora, además de desinformar a través de los canales institucionales y desconocer la legitimidad de un fallo judicial que lo anuló su elección —no como él dice, por ser docente de planta ni siquiera ocasional, sino por encontrarse inhabilitado al haber sido contratista de prestación de servicios de la UPTC—, Krasnov intenta presentarse como víctima y buscas el respaldo de la misma ciudadanía a la que durante su administración maltrató políticamente y excluyo laboralmente.

No deja de ser paradójico que, mientras hablaba de cambio y renovación, buena parte de los contratos terminaran en manos de contratistas provenientes de otras ciudades como Duitama, Sogamoso o incluso Yopal, dejando por fuera a muchos profesionales de Tunja.

La diferencia, en este caso, es que el experimento político terminó abruptamente en los tribunales y dejó a la ciudad frente a un nuevo ciclo de incertidumbre institucional. Y eso sin contar que aún quedan decisiones por conocerse, entre ellas el fallo en segunda instancia de la Procuraduría que podría inhabilitarlo hasta por 14 años para ejercer cargos públicos, así como los avances de los procesos que adelanta la Fiscalía por presuntos hechos de corrupción.

Mientras tanto, la ciudad se prepara para recibir a un alcalde encargado y, eventualmente, para acudir nuevamente a las urnas.

Pero también surgen nuevas preguntas en el ámbito político.

¿Enmendará Roy Barreras su error y permitirá que la terna esté integrada por personas que realmente hicieron parte del proyecto político del partido en Tunja, como los candidatos que integraron su lista al Concejo?

¿O aparecerán otros inscritos al partido La Fuerza de la Paz en Tunja, sin haber participado en la contienda electoral de octubre de 2023?

Y quizá la pregunta aún más de fondo sea:

¿Será esta crisis una oportunidad para replantear el rumbo político de La Fuerza de la Paz en Tunja o simplemente el preludio de una nueva recomposición de las mismas fuerzas de siempre?

Por ahora, Roy Barreras debe tener un auténtico rompecabezas político en la cabeza. Si realmente piensa en el futuro de su partido en la ciudad, tal vez esta ahora decida apostarle a los liderazgos de la ciudad y no repetir el error de imponer candidatos foráneos o extranjeros.

Porque, al final, la política también debería comenzar por respetar el territorio que pretende gobernar.

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