Hace siete años, durante la Alcaldía de Yamit Noé Hurtado, el gobierno departamental inició las obras de pavimentación y construcción de mobiliario urbano que siguen avanzando ‘a paso de tortuga’ y que tienen en dificultades a habitantes y comerciantes de la vía a las piscinas municipales.
Los contratistas de la Gobernación de Boyacá que desde hace siete años adelantan las obras en la Calle 25, entre el puente del río Chicamocha y el sector de Marquetalia, cerca al lago Sochagota, no solo han sido lentos sino que han dejado una cadena de retrasos y complicaciones.
En el proceso de contratación de esas obras ha ocurrido casi todo lo que en Colombia suele pasar cuando se ejecutan proyectos públicos: demoras, prórrogas, suspensiones y adiciones presupuestales.
La obra tiene una longitud inferior a un kilómetro. Hace unos dos años finalmente se terminó la pavimentación, pero luego se firmó un nuevo contrato para ejecutar las obras complementarias —andenes, ciclovías y sardineles— y en esa etapa llevan meses. Unas semanas trabajan, otras suspenden, y el avance es mínimo.
Mientras tanto, los comerciantes han tenido que lidiar con los problemas habituales de las obras públicas: cierre de establecimientos, tierra, polvo y barro.
Hace siete años se anunció que el primer contrato incluía todas las obras previstas. Sin embargo, la vía fue abierta y cerrada varias veces. Después se dijo que el departamento debía hacer adiciones presupuestales y más tarde que era necesario contratar a otro constructor para las obras complementarias.
En el último trimestre del año pasado el gobernador, Carlos Amaya, estuvo en el lugar e hizo una de sus alocuciones acompañado por contratistas, interventores, supervisores y funcionarios de la Secretaría de Infraestructura. Allí explicó que el contratista había planteado suspender las obras durante la temporada de fin de año, pero que él había pedido que eso no ocurriera para que se terminaran pronto y se pudiera aprovechar la temporada turística.
Sin embargo, la suspensión sí ocurrió y los trabajos solo se reanudaron en enero. En ese periodo, además, hubo otra cesión del contrato.
Los comerciantes y habitantes creyeron que las obras se entregarían antes del 8 de marzo, porque el nuevo contratista alcanzó a acelerar el ritmo. Pero nuevamente el avance volvió a ser lento. Actualmente trabaja frente a establecimientos comerciales que deben cerrar durante días o semanas.
El presupuesto inicial era de 6.000 millones de pesos, pero hace tiempo esa cifra quedó atrás. Hoy nadie tiene claro cuánto va realmente. Algunos hablan de 12.000 o incluso 15.000 millones de pesos. Nadie parece saber.
Así también son, muchas veces, las obras públicas en Boyacá.











