El gobernador de Boyacá es el gran ganador de la jornada democrática de ayer, pero ese fue apenas un capítulo más de una racha política que ya completa más de diez años. Cinco de los representantes a la Cámara elegidos son aliados suyos y ahora su hermano, John Amaya, será senador de la República. ¿Qué le falta por conquistar?
Si hasta ayer se decía que en Boyacá no se movía una hoja sin la autorización de Carlos Amaya, tal vez ahora habrá que decir que hasta el viento necesita su permiso para soplar.
Para bien o para mal, la hegemonía del Partido Verde en Boyacá, bajo el liderazgo de Amaya, tiene proporciones impresionantes.
En poco más de una década ha logrado ganar la Gobernación tres veces consecutivas: dos veces en cabeza propia y una más con Ramiro Barragán, quien terminó convertido en uno de sus principales aliados políticos. En ese mismo periodo ha contribuido a elegir a más de una docena de congresistas, incluso de partidos distintos al Verde.
También ha impulsado candidaturas que en otras circunstancias probablemente no habrían tenido viabilidad electoral. Ocurrió, por ejemplo, con Wilmer Leal Pérez, elegido representante a la Cámara en 2018 con cerca de 47.000 votos; o con Carolina Espitia, quien alcanzó el Senado en 2022 con más de 50.000 sufragios, pese a que nunca había sido concejal de su municipio.
Amaya también apoyó el camino que llevó a Jaime Raúl Salamanca a convertirse en presidente de la Cámara de Representantes, fue presidente de la Federación Nacional de Departamentos y ha tenido influencia en escenarios como la RAPE Región Central. A eso se suma su capacidad para ubicar aliados en cargos del orden nacional y regional, así como su peso político en buena parte de las administraciones municipales del departamento.
Su influencia se extiende, además, a espacios de poder regional como entidades descentralizadas, corporaciones autónomas, empresas públicas, universidades y dependencias territoriales de entidades nacionales.
Si se mira en perspectiva histórica, pocos dirigentes boyacenses han acumulado una capacidad de influencia semejante. Figuras como Jorge Perico Cárdenas, María Izquierdo de Rodríguez, Alfonso Salamanca, Heraclio Fernández, Jorge Tarazona Rodríguez o Héctor Horacio Hernández marcaron épocas en la política regional, pero difícilmente concentraron un poder político tan amplio como el que hoy exhibe Amaya.
Y hay un hecho adicional que ilustra hasta dónde llega ese poder: ninguno de aquellos caciques políticos habría intentado llevar a un hermano al Senado de la República sin una trayectoria previa en cargos públicos. Amaya lo hizo. Y lo logró.
En las elecciones de ayer volvió a demostrar su capacidad de mover la política regional. Dos de sus aliados más cercanos, Yamit Hurtado Neira y Jaime Raúl Salamanca, fueron elegidos representantes a la Cámara, mientras que su hermano, Jhon Amaya —quien no había sido concejal ni alcalde— alcanzó el Senado con más de 100.000 votos.
La carrera de Carlos Amaya por el poder regional comenzó en 2015, cuando fue elegido gobernador, uno de los más jóvenes del país. Ese triunfo rompió el dominio tradicional de los partidos Liberal y Conservador en el departamento y consolidó al Partido Verde como una fuerza política determinante en Boyacá.
En esa época Amaya representaba una generación política distinta a las élites tradicionales. Con el paso de los años logró construir algo que pocos líderes regionales consiguen: una red política amplia en el departamento, articulando alcaldes, concejales y líderes locales, y convirtiendo a Boyacá en uno de los bastiones electorales más fuertes del Partido Verde.
En las elecciones recientes esa fuerza política ha obtenido algunas de las votaciones más altas para la Cámara de Representantes, ha ganado la Gobernación y varias alcaldías y ha mantenido una presencia sólida en el Congreso.
La elección de Amaya nuevamente como gobernador para el periodo 2024-2027 confirmó que su liderazgo no se había debilitado. Por el contrario, consolidó un segundo ciclo de poder regional, algo que muy pocos políticos logran después de varios años.
Además, en elecciones legislativas recientes varios congresistas cercanos a su sector han obtenido resultados importantes, lo que demuestra que Amaya no solo gobierna el departamento, sino que también tiene capacidad de influir en elecciones nacionales y participar en alianzas políticas más amplias.
Por eso, en los últimos años su nombre ha empezado a sonar como posible figura presidencial dentro del centro político colombiano.
Mientras sus aliados destacan su experiencia ejecutiva, su liderazgo regional y su capacidad para construir alianzas, sus críticos advierten sobre una excesiva concentración de poder político en el departamento.
Su gran reto político será culminar con éxito su segunda Gobernación y dar el salto de líder regional fuerte a figura nacional competitiva.
Ya está dando sus primeros pasos.












Como no va ser Carlos Amaya el gran elector de Boyaca, si desde el 2012 viene armando una clientela politiquera, para así poder a través de la burocracia y de los grandes contratistas «comprar» los votos de los Boyacenses. ya le queda poco a Carlos Amaya (el otrora joven humilde de origen campesino y líder estudiantil de universidad publica) para convertirse en todo un gamonal politiquero al mejor estilo de los Char, los Aguilar, los Gnecco, los Torres, los Dávila, los Gerlein, los Name, etc. Ya logro comprarle la curul como senador de la republica al hermanito Jhon. Dentro de cuatro años hará elegir a la mujer o al suegro; la ambición del poder del gerente propietario del clan de la ruana no tiene limites.