Pasado caduco o presente caótico: La falsa disyuntiva

Foto | Hisrael Garzonroa

Por | Alexander Barrera Mondragón / Administrador de Empresas. Especialista. MBA Proyectos. 
Centro de Estudios del Trabajo CEDETRABAJO, Capítulo Boyacá

Mucha razón le asiste a Jorge Enrique Robledo cuando afirma que estas elecciones son unas de las más importantes de la historia de este país; primero, porque se va a decidir el rumbo definitivo de nuestra nación y segundo, porque se está presionando para que se elija presidente de Colombia a alguno de los candidatos del continuismo.

Se nos quiere presentar a los colombianos la falsa disyuntiva de tener que elegir alguna de las opciones que representan el pasado caduco de los gobiernos neoliberales, o alguno de los candidatos del presente caótico del gobierno de Petro. Una oferta poco atractiva si tenemos en cuenta que, tanto los unos como los otros, han demostrado con creces una capacidad enorme para hacerle daño a Colombia.

Los interesados en presentar la falsa disyuntiva, quieren desconocer que en Colombia hay voces que no cohonestan con las prácticas de los antiguos y nuevos responsables de la trágica situación nacional. Quieren ocultar que se consolida un proceso de construcción de nuevas mayorías para transformar verdaderamente a Colombia, y que en el país hay una tercera fuerza ajena a las componendas, el clientelismo y la politiquería de vieja y nueva data.

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Las legislativas y el nuevo gobierno

El gobierno de Gustavo Petro entrega un país polarizado; en medio de graves escándalos de corrupción; con un crecimiento económico insuficiente cercano al 2,5%; con aumento del déficit comercial por el incremento de importaciones; y un déficit fiscal histórico impulsado por gastos de funcionamiento y nomina (16,9 billones de pesos en 2022 a 29,4 billones en 2026).

Entrega el país endeudado hasta el cuello, con una deuda pública por encima de los 1 200 billones de pesos que representan el 65% del PIB en 2026; con un sistema de salud en crisis, fracturado en materia institucional y con altos índices de inseguridad elevados por fenómenos agravados de violencia, recrudecimiento del conflicto y el fracaso de la Paz Total.

El nuevo congreso heredará estos problemas y jugará un papel decisivo en las orientaciones políticas, económicas y sociales del nuevo gobierno, independientemente de quién sea el nuevo inquilino de la Casa de Nariño. Por eso los colombianos tienen en sus manos la responsabilidad de elegir a los congresistas, que bien pueden avanzar por el camino de los extremos o evitar la polarización y recuperar la seriedad y el compromiso con la nación.

Elegir bien es una necesidad nacional

Elegir bien en esta contienda electoral es una necesidad nacional, de eso depende el futuro del país; por eso la decisión debe ser consciente y lo más estructurada posible, no es un asunto de poca monta y debe tomarse con la seriedad que la coyuntura amerita.

En este escenario de responsabilidad colectiva, celebro la decisión de Jorge Enrique Robledo de regresar al Senado, sus planteamientos serán más que necesarios en los debates de interés de nacional del próximo cuatrienio. Su seriedad, honestidad y valor civil lo acreditan. Además de ser reconocido por varios lideres de opinión como el mejor senador del país en diez ocasiones consecutivas, su voz se ha escuchado en los principales debates de la nación de los últimos cinco lustros.

Los datos de Congreso Visible dicen que Robledo lideró más de 150 debates de control político, la cifra más alta en la historia reciente del Congreso. Encabezó los debates de oposición a los Tratados de Libre de Comercio en defensa de la producción y el trabajo nacional; destapó la corrupción de Agro Ingreso Seguro y el escándalo de Odebrecht; denunció las fallas del sistema de salud y la tragedia de la Ley 100 de 1993; organizó debates de control político en temas trascendentales como la minería trasnacional, la educación pública y la ciencia, los servicios públicos y los monopolios; y lo más importante, ha denunciado la corrupción de todos los gobiernos sin distingo ideológico y sin consideración de las circunstancias del momento.

En lo personal, y con el respeto por las ideas de los contradictores, me siento identificado con las palabras que en su momento expresó Carlos Gaviria Díaz “en un Congreso no puede faltar la voz lúcida de Jorge Enrique Robledo”.

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