
En la web, al deslizar con el dedo un post tras otro, todo es inmediato y efímero. El papel, en cambio, resiste esa prisa.
Esta semana EL DIARIO volvió a las calles con una nueva edición impresa. No solo como acto informativo sino como gesto de memoria al cumplir treinta años de resistencia.
Hace tres décadas, Pedro Esaú Mendieta Palacios decidió que Boyacá necesitaba un periódico independiente, crítico y liberal en el sentido profundo de la palabra. Un medio que no repitiera boletines, que no decorara el poder, que no le temiera a la pregunta incómoda. Ese espíritu no nació en una pantalla. Nació en el papel, con tinta y calle.
Cada vez que la edición impresa circula, el lector sostiene una tradición de dignidad. El papel pesa, se siente, se guarda, se subraya. Permanece sobre la mesa de un café o en el escritorio de una oficina pública como recordatorio de que alguien escribió con responsabilidad y criterio.
Pedro Esaú caminaba Tunja como si la ciudad fuera su redacción. Decía que “la calle es la oficina” y entendía que el periodismo ocurre en el territorio, no en la comodidad del escritorio. Esa forma de ejercer el oficio quedó sembrada en cada número impreso: en las crónicas escritas al borde de la carretera, en las entrevistas improvisadas, en las discusiones del Pasaje Vargas donde se desnudaba la política regional.
La transición a lo digital fue visionaria. EL DIARIO abrió espacio en la web cuando muchos todavía dudaban de la red. Pero nunca renunció al alma impresa. Lo digital informa minuto a minuto; el papel ordena, pausa y da contexto. Mientras la pantalla acelera, la página obliga a detenerse.
Sostener lo impreso no es fácil. Requiere diseño, impresión, distribución, logística, disciplina a contrarreloj. Requiere creer que todavía vale la pena poner tinta sobre papel en un departamento de 123 municipios, donde llegar no siempre es sencillo. Sin embargo, cada ejemplar demuestra que sí vale la pena.
Hoy, bajo la dirección de Ricardo Rodríguez, con el compromiso de Camila y Emma Mendieta y el trabajo constante de Hisrael Garzonroa y de quienes seguimos en el oficio de informar y relatar lo que ocurre en el departamento, el legado es una práctica diaria.
Marzo comienza con papel en circulación. Porque más allá de las plataformas, los algoritmos y las tendencias, sigue vigente aquella idea fundacional: decir con criterio lo que debe decirse, aunque incomode.













