
En X (antes Twitter): @GChalito
El reloj ahora avanza más rápido que las noticias, el reto cada vez es mayor, las redes nos inundan, los ‘youtubers’ nos «destronan» y en época o no electoral, los «duros» prefieren los ‘likes’
¿Qué tema está en boga? ¿Qué le interesará a la comunidad? ¿Qué le servirá a la gente? ¿En qué puede uno realmente ayudar? Son preguntas que solemos hacernos los colegas, que se derrumban cual castillo de naipes frente a la cruda realidad.
La alarma sonó. ¿Poner la radio o la televisión? Las dos ya no son tan buena opción. “A la antigua”, ese lujo solo se lo dan algunos. Sus mismas fuentes los llaman. Los mantienen al tanto. Por un “tantico” o por lo otro. Es mero interés. A eso no podría llamarle investigación. Cada quien con lo suyo y cada uno con lo que le dicte su conciencia.
Quisiera recordar con más nitidez aquel día. Estoy casi seguro de que fue en la tarde. Ese dicho de que «se vale soñar despierto» es válido. O para mí lo fue.
Recuerdo a quien iba a ser mi directora de carrera abordarme con tal cariño como si nos conociéramos de años. En serio, se veía el amor con el que hacía su trabajo en aquella feria universitaria que llegó a mi amado Colegio Cooperativo Reyes Patria de la ‘Ciudad del Sol’.
De una me enamoré. También de ella (de su profesionalismo), qué sé yo. Fue tan especial ese momento que “quedé flechado”. Mi mamita me decía que analizara otras opciones, casi que, con el corazón en la mano, por ser su hijo preferido (eso ya lo sabe mi hermana… ‘Ja, ja, ja’), pues me hablaba de que me fuera para Bogotá.
¿Para esa locura? Pensaba en ese tiempo. Mentira, lo sigo pensando. Aunque en eso sólo manda Dios. Solo Él sabrá qué nos depara. Yo no cambio mi Boyacá, así ya nos estén asomando en la nuca los males de las grandes capitales. Y mientras se pueda y con su venia, aquí seguiremos “dando lora”.
Ella pensaba en mandarme para donde quisiera. Valiera lo que valiera. Le tocara como le tocara. Siempre ha sido una luchadora, una ‘Victoriosa’ de la vida. Nos dio más de lo que merecíamos a mí y a mi querida hermanita. Así sea yo el consentido (más risas). Que si entonces Bucaramanga. Y así.
A mí siempre me ha llamado mucho la atención vivir en tierra caliente, solo que para trabajar es otro cuento. Lo supe en Yopal, donde tuve mi primera experiencia profesional. Cargar equipos como una cámara de video (aunque eso ha cambiado bastante, ahora casi todo es con celular) es un tanto complejo. La temperatura que hace en la ciudad es baja para lo que pasa con las máquinas.
Y sudas el triple. Te pagan… bueno, para qué hablamos de ello. Sinceramente, trato de no afanarme tanto por ese tema, el día que decidí estudiar esta profesión no pensaba en esas cosas. Era más ilusión. Desconocía (obvio que directamente, no porque no me diera cuenta cómo le tocaba a mi mamá) el «oscuro mundo» de las responsabilidades.
Si uno se pone a pensar, a hacer cuentas y demás, no hay plata que alcance. Siempre he dicho que, entre más recibes, más gastas. Pero no nos salgamos del tema.
Mientras nos tomamos este delicioso tinto (sin azúcar por favor), les cuento que no miré más universidades. Me gustó lo que me ofrecieron en aquella época, quedaba cerca de casa, de modo que podía viajar cada ocho días. El seno maternal no era fácil de dejar. Nunca lo ha sido. Me critican por ello. Tenemos un vínculo muy fuerte pienso. Trato de mantenerlo, porque es una de mis mayores felicidades. Un tesoro.
Aún así fue todo un rollo. Jamás había salido de casa. Bueno, con excepción de la excursión de grado once y un concurso de ortografía al que había venido a la capital boyacense, por lo que dije «yo conozco». Qué diferente es ir de pasada, ¿cierto?
Un domingo viajé con todas mis ilusiones metidas en una vieja maleta roja que parece de juguete, porque era la que había. En un costal de esos de fique metimos un colchón y un par de cobijas. Listos. Súbase a la buseta, llore todo el camino. Y siga soñando despierto. El dolor y el miedo no traspasaba la novedad, sabía que debía hacerlo. Tenía que salir adelante. Por todo. Por todos.
Y lo hice. Muy a pesar de algunos. Muchísima gente no daba un peso por este muchacho a quien la universidad le costó bastante. Esa es otra historia que contaré en detalle. Luego. Ahora estamos enfocados en el profesional.
Hay quienes quieren los súper cargos. Otros prefieren el dinero, solamente que como les digo, este cuento es más de amor, de pasión por lo que se hace. Bendito sea mi Dios me ha ido bien. He tenido crisis como la mayoría, la situación del país es para todos, para todas las carreras, y a pesar de ello, cuento con una gran satisfacción: he podido ejercer. Casi 20 años y sumando.
¿Semanas cotizadas? Bueno, eso ya sería “avaricia” al paso que vamos. La hoja de vida se desinfla un tanto cuando hay que hacer esas «operaciones matemáticas». La verdad, no soy bueno para la geografía (risa nerviosa).
Mi historia no es trágica, ni tiene por qué serlo. Simplemente es de superación. Por ejemplo, para no ir tan allá, muchas veces en radio me han dicho que no. Un gran motivo para agradecer y gozarme los lugares donde lo hago y lo valoran, entonces, ¿cómo no disfrutarlo?
Siempre que tengo un informe radial, una crónica, o algún proyecto por delante que tenga que ver con el universo de los micrófonos, trato de pensar en que soy mi abuelito (q.e.p.d.), que soy aquel profesor que incursionó en este medio de comunicación y que con orgullo levantó su voz por años con el inigualable programa ‘Notas, Noticas y Notabilidades’. Quienes estudiaron en el Instituto Panamericano de Alborez en Sogamoso sabrán de qué les hablo. Se emocionan, sin dudarlo (me parece que tampoco es casualidad que en febrero celebremos el Día Mundial de la Radio).
Pues en mi familia, sobre todo una prima que es médica, gran profesional y ser humano, siempre dice que es el legado que llevo por dentro. Cada 9 de febrero (y desde hace algún tiempo en agosto con la celebración del día del comunicador social) se encarga de hacerme sentir que he sido digno nieto de don Américo. Y eso es más que suficiente para que se me hinche el corazón de felicidad.
Por supuesto, en mi núcleo familiar así mismo lo sienten. Más felicidad. Estoy convencido de que acordarme de este tipo de cosas me ayudó bastante a salir del hueco en el que me iba hundiendo. Y esa parte también pertenece a otro capítulo que, como les digo, contaré. Seguro. Lo haré. Cuando ya muy poco importe. En el momento en que pierda algunos miedos o un par de fantasmas se esfumen. No sea que me pase como a Granados en el video promocional de la temporada final de ’La primera vez’ (que se ve súper buena… ‘Ja, ja, ja’… luego charlamos de ello).
El caso es que, quienes hemos podido desenvolvernos en esta profesión, ¿por qué no alegrarnos de ese hecho en lugar de darnos tanto palo entre unos y otros? En serio que es muy complejo ver que nos jactemos de ser mejores que los demás, y caigamos en los mismos errores de maneras diferentes. Lo dejo a la imaginación. Quien me entienda, bien la vaina. Nos tomamos un buen tinto. Así soy. Me gusta hablar. De lo bueno, de lo menos bueno, de lo divino y lo que nos afana. Con un buen pocillo de café en las manos y sin angustias.
Recuerdo uno de los mejores consejos que he recibido, de alguien que fue mi jefe por unas semanas (lástima que hubiera tenido que ser así): Gonzalito, hermano, esto no se puede hacer sufriendo. Esa noche me partí un diente. De los nervios y con una lágrima que cayó por mi rostro. “No se estrese más, vaya y descanse, mañana será otro día”, me dijo. Cada día con su afán, es una regla de oro.
En periodismo específicamente (ahora comprendo más que siempre lo distinto que es el oficio de lo que se hace en otros niveles de la comunicación) he tenido grandes privilegios. Soy “escuelita” de la Casa Editorial EL TIEMPO, por más de una época estuve con redacción comercial para el Boyacá 7 Días. Ustedes no lo sabían pues mi nombre no salía, políticas de la manera de contratación con las que nunca tuve algún reparo. Todo era claro. Lo gocé también. Y para qué mentir, lo sufrí un tanto. Era adrenalina pura. Eso de estar detrás de un visto bueno de los clientes era un deporte de alto riesgo (‘Ja, ja, ja’). Que lo discutan mis queridos amigos ejecutivos.
Además, aprendí a cubrir fútbol profesional gracias a un parcero de la vida, a quien admiro y llevo en el corazón. Eran días de esfuerzo y de disfrute paralelamente.
Cómo pasar por alto que estuve un par de meses en Vanguardia Liberal, desde el municipio de Barbosa, Santander. Una agradable experiencia y de donde me quedó una valiosa amistad de quien denominé “mi madrina”. Recuerdo a tantas personas, de allá, de acá, con quienes congeniamos y de quienes aprendí. A quienes posiblemente no mencione, que saben que han sido determinantes, más que por cualquier otra razón, por haber creído en mí.
Y continúa uno en el aprendizaje. Qué sería si fuera lo contrario. Tal vez perdería el chiste. Eso le pone sazón y es una de las particularidades de lo que hacemos. Siempre aprendemos. Hasta para tomar fotos (que también se celebró este mes, el Día del Fotógrafo y Camarógrafo).
He formado parte de instituciones (ya en el plano organizacional que les comento tiene sus diferencias) y estuve en la redacción de noticias de este medio de comunicación, el Periódico El Diario de Boyacá, para el que actualmente escribo estas columnas de opinión, donde me recibieron con las puertas abiertas en una época muy difícil por la que atravesé. Siempre estaré agradecido por eso.
En la actualidad, estoy en la gloriosa UPTC, donde también me han dado la valiosa oportunidad de estar ahí. Me siento más que honrado. Y últimamente se me ha dado por escribir. Como les he dicho por aquí y a mis amigos (en broma), dándole a la “escribición”. En esas lides hasta ahora voy de entrada. Espero poder brindar mucho más de lo que tengo.
En fin, ser periodista es una dicha. Y eso no significa que no tenga sus altas y sus bajas. Como todo en la vida.
Ahora, que, en mi mente, con lo que soñaba por esos días en que tomé la decisión de estudiar en Uniboyacá, era con ser presentador. Pensaba que eso era ser “periodístico” (así me dice un profe que quiero mucho… grandes risas). Lógicamente no conocía este mundo. Y me estrellé.
Qué duro fue ver la verdad. Qué duro es verla cada día. Claro que hay que reflexionar, cuestionar, dialogar y debatir sobre la profesión y todo lo que pasa adentro y afuera de ella. Por este mes, por unos días, les invito a dar gracias a Dios por habernos puesto en este camino. Los grandes monopolios son lo que son. La pauta es lo que no debería ser. El periodismo sigue en riesgo. Etcétera. Agradecer y continuar. Y dejar de meternos en lo que hacen los demás. Empecemos por cambiar nosotros. Y eso nos concierne a todos, en tantos aspectos.
Ayyy sí, “el perfecto”. Para nada. Así a veces me dicen quienes son capaces de hacerlo. Unos tantos también lo dicen, solo que, ya saben, como aquel famoso político decía: “a mis espaldas” … y de eso es de lo que más debemos librarnos… para todo.
Antes de que me termine el tinto: ¿quién fue que nos quitó la tarjeta de periodista? ¿Por qué fue que no hicimos nada? Ah, sí. Yo estaba en la U. Eso casi que no importaba. Deje así.
La culpa no es de los presentadores… ¡la culpa es de la vaca!












