Petro y ‘El Cambio’ y el cambio de Petro

Foto | Presidencia de la República

Por | Alexander Barrera Mondragón / Administrador de Empresas. Especialista. MBA Proyectos. 
Centro de Estudios del Trabajo CEDETRABAJO, Capítulo Boyacá

El país estaba mal antes de Petro

Colombia venía mal desde antes de 2022, los gobiernos neoliberales de turno, desde Cesar Gaviria hasta Iván Duque, sumieron al país en una crisis sin precedentes. Todos, sin excepción, defendieron políticas contrarias al interés nacional.

Esos gobiernos aprobaron reformas sociales avaladas por el Banco Mundial, el FMI, la OMC y la OCDE, en contra de las mayorías nacionales; aplicaron el modelo neoliberal y el libre comercio por recomendación de EEUU, entregaron la industria y el agro nacionales a los intereses extranjeros; debilitaron el aparato productivo nacional y privatizaron empresas. Todos –absolutamente todos– fueron cómplices de la corrupción, cada uno protagonizó hechos escandalosos e indignantes. Y ni qué decir de la pobreza, el desempleo, la informalidad, el saqueo de los recursos públicos y el despilfarro.

En el balance general de la historia ninguno de esos gobiernos sale bien librado. El estallido social de 2021 fue precisamente contra todas estas ignominias. El descontento general y el cansancio acumulado, derivó en denuncias y movilización social.

Petro y el “cambio”

El triunfo de Petro en 2022 obedece, en buena medida, al fracaso de los gobiernos uribistas del pasado. Los colombianos votaron contra los responsables de la crisis y con un deseo honesto de cambio.

En su discurso Petro prometió, entre otras cosas, luchar contra la corrupción; renegociar el Tratado de Libre Comercio con EE.UU; superar la violencia que martiriza al país; proteger el medio ambiente y la biodiversidad nacional; avanzar en la transición energética; garantizar el derecho a la salud sin barreras mediante un sistema único, público y universal; mejorar el modelo de salud del magisterio; implementar impuestos progresivos y gravámenes para los megaricos; y garantizar educación pública, gratuita y de calidad.

También hizo algunas promesas populistas como la de construir un tren eléctrico elevado de Buenaventura a Barranquilla, propuso un tren interoceánico desde Santiago de Chile a un puerto en el caribe, y prometió salarios para los desempleados, entre otras tantas promesas exóticas. Dijo de manera pomposa “llegó el gobierno de la esperanza”.

El cambio de Petro

Por cuenta de Gustavo Bolívar, en una entrevista con José Manuel Acevedo, nos enteramos que Petro le había “vendido el alma al diablo” para ganar las elecciones. Bolívar se refería entonces, al apoyo de sectores non sanctos de la rancia politiquería tradicional que garantizaron el triunfo y participaron del gobierno.

Hoy, en la recta final de su periodo, el gobierno de Petro se debate entre la corrupción, el incumplimiento, la demagogia y el populismo. La corrupción llegó a niveles escandalosos, más de una veintena de hechos relacionados con desvío de recursos para sobornar congresistas, enriquecimiento ilícito, lavado de activos, fondos irregulares, financiación ilegal en campaña, abuso de poder, conflictos de interés, negocios personales, direccionamiento de contratos, contratación a dedo, presiones y nombramientos sin requisitos. Los hechos de corrupción vinculan a familiares directos del presidente y a miembros de su círculo más cercano. Hay ministros, directores y funcionarios del “Gobierno del Cambio” presos o prófugos de la justicia.

La promesa de renegociar el TLC no pasó de ser una nota interpretativa del capítulo de inversiones que ratificó el contenido del texto y dejó en firme todo el acuerdo. La continuación del proyecto de infraestructura militar en el santuario natural Isla Gorgona en favor de los intereses estratégicos de EEUU en el Pacífico, arroja por la borda las promesas de protección del medio ambiente y la biodiversidad. La “transición energética” de Petro ha golpeado de manera grave las finanzas de Ecopetrol y la soberanía energética del país. El sistema de salud es una tragedia para los colombianos, la Nueva EPS intervenida por el gobierno se convirtió en el negocio de algunos interventores nombrados por los mismos funcionarios de confianza de Petro, y lo que hicieron con el nuevo modelo de salud del magisterio es inhumano, por decir lo menos.

La reforma tributaria del gobierno es regresiva, el 47% de los 8,5 billones que se esperan recaudar con la creación de nuevos impuestos y la modificación de otros, corresponden a impuestos indirectos que golpean principalmente a las clases medias, no son impuestos progresivos ni “gravámenes para los megaricos”. La reforma pensional golpea a los jóvenes, las personas de menos de 40 años van a recibir comparativamente una pensión menor que con el actual modelo, mientras los fondos se embolsillan cerca de 1,4 billones COP de comisiones en el primer año de operaciones.

Y así ha sido el “cambio”: promesas incumplidas, ineficiencia, señalamientos, irresponsabilidades y más de lo mismo. Con el agravante que Petro ha actuado contra la separación de poderes, ha irrespetado la Constitución del 91 y debilita la institucionalidad del país.

Tristemente, la alaraca del cambio fue para empeorar lo que ya venía mal.

Coletilla: María José Pizarro dijo en entrevista para La Silla Vacía antes del viaje de Gustavo Petro a EEUU que “el problema de Donald Trump ya no es si los gobiernos son progresistas o no, sino si se alinean o no con sus intereses”. ¿Qué puede pensar uno si Trump entrega una tarjeta de agradecimiento que dice: “Gustavo, un gran honor. Amo a Colombia”, que se alinearon los intereses?

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