¿Cortarse el cabello en luna menguante o creciente?

Cuadro en la peluquería de Jaime, en Tunja. Foto | Archivo particular

Por | Julio Medrano / Escritor

Hablar de las próximas elecciones en Colombia nos hartó. Uno de nosotros levanta el encendedor de la mesa y da luz a un cigarrillo. Fuma. Miramos su sonrisa que, adivinamos, guarda la próxima fábula de la tarde. Dice que, en una noche de diciembre, un ruso ebrio manejó una cuatrimoto por las calles del barrio La Fuente, en Tunja.

—Era medianoche —dice, velado por una nube de humo—. Sara corría detrás gritándole, pidiendo que volviera, que no fuera loco y celoso, que eso no iba con él, que alguien lo podría grabar.

—¿Lo grabó?

—No.

Bebemos el café. También nos cansa escuchar otra comedia rusa. Callamos. Nuestro silencio infestado por la música de Anhelos de Alfredo Gutiérrez barre todo el parqueadero del San Andresito. Estamos en una de las cafeterías [contaminadas de humo de carros y cigarrillos]: invertimos tiempo en contarnos la ciudad para tratar de salvarla. Somos los Salvadores de Tchunza. Fumamos.

Otro dice que un enruanado empresario boyacense de ojos verdes, sucios como esmeraldas recién descubiertas, le puso los cuernos a la mujer.

—Por eso le paga tanta publicidad nacional a la señora —dice el más enjuto de nosotros, y pide a la tendera otra ronda de tintos—. La infidelidad del man nos cuesta los impuestos de todos.

—Le va a poner una escultura —dice otro— en las canchas de micro del barrio Asís.

Fumamos. Nos volvemos a aburrir. Todo trata de las novelas políticas. Nos gana la desidia que arrastra la música de diciembre, las mismas diez canciones que las emisoras repiten desde hace cincuenta años.

Termino el café. Me siento fatigado por salvar a la ciudad otra vez entre café y cigarrillos, como personaje en una película de Jim Jarmusch.

Abandono la mesa.

Voy a la peluquería de Jaime, en la carrera 10 con 17-22. Frente al parqueadero de Sanandrés.

Jaime, mientras desenreda mi seco y amarillento cabello con olor a humo, me habla de lo mucho que le gustan las plantas, de la importancia de cuidarlas. Sin duda su charla es más interesante que las novelas políticas. “Todo es político”, decía Pedro Mendieta en las reuniones para celebrar el fin de año. Rio solo.

—A mí me hablan los muertos.

El canoso peluquero me mira a través del espejo, averigua en mi ceño fruncido si creo lo que me acaba de decir. Le creo. Yo también hablo con muertos. De cuando en vez hablo por teléfono con un fantasma que vive en el barrio Los Muiscas y escribe poesía para que los ocobos no sucumban en la vagina de una niña violada por quinientos hombres en Miraflores.

Los fantasmas que se le aparecen a Jaime le hablan de otros muertos y de plantas. Me explica y se acomoda las gafas.

Crema hidratante. Spray con agua. Tijeras.

—Me asustan desde pequeño. Uno me mostró un lugar mágico, un bosque con plantas que flotaban. Quería contárselo a alguien. ¿Cómo exponer el sueño de ese lugar?

Miro a ese otro que soy yo, asustado en el espejo. Recuerdo a Mircea Cărtărescu guardado en un recuadro de YouTube. Le explicaba al entrevistador que lo soñado es lo más difícil de escribir.

—Hice cuadros.

La peluquería adquiere un halo gris como la niebla densa del bosque al amanecer. Los otros espejos están vacíos de rostros. Los posesiono con espectros familiares para que me acompañen a escuchar el relato de Jaime.

Un muerto le mostró a mi peluquero un lugar blanco con plantas que flotaban. Él hizo cuadros con plantas verdaderas y colgó algunos en la peluquería.

Cobro. Pago. Manos estrechadas.

—Gracias —digo, dando vueltas en ese mundo lleno de espectros que se desvanecen dentro de los espejos—. Voy a traer a mi hija para su primer corte de cabello. ¿Cuándo es mejor? Me dicen que en luna llena.

—Pues, he escuchado que es en menguante o creciente. Luna nueva y llena son para que crezcan lento. La creencia de las afectaciones de las fases lunares sobre el crecimiento del cabello, viene de la influencia que tiene la luna en la siembra, el crecimiento de las plantas.

Las plantas flotan por efecto de la atracción gravitacional de la luna. La luna influye en las olas, la siembra, los hombres, la farándula boyacense, en la política.

«Todo es política».

Camino hacia la salida. Me quedo prendido en uno de los cuadros de plantas flotantes.

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