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El tema de la dimisión del mandatario de los boyacenses está sobre el tapete. Desde hace varias semanas en círculos políticos se habla de esa posibilidad y, al parecer, a Amaya ‘le comienza a sonar’.
¿Carlos Andrés Amaya Rodríguez, candidato a la Presidencia de la República?
Ya no se trata de una simple especulación y es factible que en los próximos días se conozcan noticias sobre el futuro de Amaya por fuera del Palacio de la Torre.
Los rumores sobre una eventual candidatura de Carlos Amaya a la Presidencia de Colombia comenzaron hace un mes, luego de su viaje a Emiratos Árabes, en donde se encontró con el presidente de la República, Gustavo Petro, y se incrementaron durante la Cumbre Nacional de Gobernadores, en Villa de Leyva, a la que también asistió el Primer Mandatario y en donde el Gobernador de Boyacá entregó la presidencia de la Federación Nacional de Departamentos.
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Algunas versiones indican que personas cercanas al Palacio de Nariño y funcionarios del alto gobierno le han dicho al presidente, Gustavo Petro, que con el alto grado de polarización del país será muy difícil ganar en el 2026 con un candidato de extrema izquierda, o de una línea totalmente petrista.
La sugerencia que le han dado esas mismas voces es que se debe contemplar la posibilidad de un político de centro izquierda, que no genere tanta resistencia, pero que, al mismo, tiempo tenga posibilidad de conversar y negociar con sectores de centro.
Ahí es en donde entra a jugar Amaya, a quien esos sectores ven como alguien que tiene contactos y amistades con diferentes partidos y sectores políticos.
Por su parte el gobernador Carlos Amaya, quien nunca ha ocultado su intensión de disputar la Presidencia de Colombia en un futuro, como ya ocurrió en el 2022 cuando fue precandidato de la coalición Verde Esperanza, estaría pensando que su momento es ahora y que tal vez en un futuro, así sea a mediano plazo, no se vuelva a dar una coyuntura como la actual.
Por eso Amaya se tomará unos pocos días, dos o tres semanas para tomar la decisión, seguramente también para consultar a líderes de varios sectores políticos, preguntarle a su familia y reflexionar sobre las implicaciones que ese paso significaría para su vida.
Varios medios de comunicación nacional se han referido en las últimos días la posible aspiración de Amaya al primer cargo de la Nación y, de manera esporádica, columnistas y referentes de opinión lo mencionan, en algunas oportunidades ‘dándole palo’, lo que demuestra que realmente lo ven como una eventual carta que el petrismo se jugaría en las elecciones del 2026.
Carlos Amaya, quien recientemente cumplió 40 años de edad, tiene hasta finales de mayo para renunciar a la Gobernación de Boyacá para no inhabilitarse en una posible carrera por el primer cargo de la nación.
Muchos de quienes lo conocen y han sido rivales políticos suyos consideran que, de meterse en una campaña por la Presidencia, Amaya será protagonista y que si no se le dan las cosas para ser directamente el aspirante a reemplazar a Gustavo Petro, podría terminar por lo menos de candidato a vicepresidente, que no es cosa de poca monta.
Anoche, la sección El Termómetro Político de RCN, habló de la posible candidatura de Amaya a la Presidencia e indicó que esa aspiración ‘podría sacudir el tablero político’.
Según la versión lanzada por el noticiero, altos emisarios del Gobierno nacional han buscado a Amaya para proponerle que sea candidato y entre a competir en el frente amplio de la izquierda.
“En ambas oportunidades, el gobernador desistió. No obstante, en esta tercera ocasión quizás la idea tomará forma. Fuentes cercanas a Amaya indicaron que lo más probable es que se lanzará”, anotó El Termómetro Político.
Agregó que, aparte del Gobierno, al Gobernador lo han buscado empresarios, por lo que empezó a hacer consultas jurídicas; especialmente en saber cuándo debería renunciar y no tener complicaciones más adelante.
Finalmente mencionó que para Amaya hay un inconveniente: Claudia López. La exalcaldesa de Bogotá no ve con buenos ojos su candidatura, debido a que tienen bases electorales similares.
La renuncia de Amaya apenas un poco más de un año después de asumir su segunda Gobernación de Boyacá por elección popular también generaría ‘un huracán político’ en el departamento. El Presidente tendría que designar un gobernador encargado y serían necesaria la convocatoria a nuevas elecciones, con todo lo que eso significa.
El 24 de febrero de este año el periodista Ricardo Rodríguez Puerto se refirió a la posibilidad de que Carlos Amaya termine siendo candidato presidencial. Por considerarlo de interés en un momento coyuntural reproducimos de nuevo esa columna.
¿Qué tan presidenciable es Carlos Amaya?
En sus declaraciones durante la Cumbre de Gobernadores de Villa de Leyva, el gobernador Carlos Amaya informó que a partir de ahora, luego de entregar la presidencia de la Federación Nacional de Departamentos, estará concentrado 100 por ciento en la Gobernación de Boyacá. Entre otras cosas sostuvo que se dedicará a sus hijos, a visitar pueblos, provincias y veredas y a atender ciudadanos en su despacho. No lo dijo, pero Amaya no va a descuidar su agenda nacional precisamente cuando algunos medios de comunicación y sectores de opinión del país comienzan a verlo como un posible candidato presidencial.
En las elecciones presidenciales de 2022, cuando Amaya no tenía los alcances que tiene hoy, fue calificado por casi todos los medios como la gran sorpresa en la consulta de la Coalición Verde Esperanza, que se realizó de manera simultánea con la del Pacto Histórico y la Coalición Equipo por Colombia, para definir los candidatos que se enfrentarían en la primera vuelta por la Presidencia.
En esa ocasión el boyacense, aunque perdió con Sergio Fajardo, estuvo muy cerca de Juan Manuel Galán y derrotó a Alejandro Gaviria y a Jorge Enrique Robledo.
Tres años después mucha agua ha corrido por debajo del puente y Amaya es hoy una destacada figura de la política nacional. Si a alguien le quedaban dudas sobre sus capacidades, sus contactos, sus alianzas, su poder de convicción y su conocimiento de los laberintos del poder, ahí está lo ocurrido con su viaje a Emiratos Árabes, al Foro sobre Inteligencia Artificial en Dubai, en donde ‘coincidencialmente’ se encontró con el presidente Gustavo Petro.
Después de eso vinieron los nombramientos de Paula Cepeda, en titularidad como gerente nacional del ICA; y las designaciones de María Fernanda Rojas, como ministra de Transporte; y de Antonio Sanguino, como ministro de Trabajo, los dos cercanos a Amaya; y la Cumbre de Gobernadores, en donde de nuevo quedó demostrado su inmenso poder de convocatoria, de interlocución con el Gobierno nacional y su cercanía con casi todos los ministros.
Amaya entiende el manejo de la política moderna, se mueve bien en redes sociales y tiene algo o mucho de astuto, manipulador, calculador y estratega.
Tiene la facilidad para manejarlo todo y para no dejar que ni una sola de sus ovejas se salga del redil. Y no solo eso, incluso en su ausencia, como dijo que lo ha estado por las tareas que le impuso ser el presidente de la Federación de Departamentos, conquistó políticamente al Alcalde de Tunja, que no era de su equipo; se ha acercado a los alcaldes de Sogamoso y Villa de Leyva y al sacrificado alcalde de Duitama y tiene neutralizado a sus opositores.
Leí en El Colombiano de Medellín que, fuentes de la Alianza Verde, consideran que Amaya se proyecta a largo plazo como un candidato presidencial que pueda recibir apoyos de todas las corrientes políticas, incluyendo al petrismo, con quien es aliado en la actualidad. “A diferencia de Claudia López, su figura no genera tanta resistencia en la izquierda y tiene la maquinaria política electoral suficiente para aceitar sus intereses electorales”, indica el periódico de los paisas.
Ya mencioné muchas de las fortalezas de Amaya, pero también hay que tener en cuenta sus debilidades y retos en su eventual camino hacia la Casa de Nariño, en las elecciones del 2026 o en las elecciones presidenciales siguientes.
Surgen muchas preguntas sobre su futuro: ¿cómo hará para lograr visibilizarse más a nivel nacional, sobre todo a regiones en donde no lo conocen como el Pacífico, en el sur del país o la Costa Norte? ¿Lo desgasta o lo fortalece su apoyo al gobierno Petro? ¿le cree la izquierda que ahora es de ellos? ¿Cómo será su competencia con figuras consolidadas del escenario nacional?
Y tiene otras desventajas, como que, aunque ha consolidado un aparato burocrático impresionante, eso mismo le genera críticas y rechazo de sectores de opinión, entre ellos los periodistas de medios nacionales, que son referentes de la sociedad.
Si quiere Amaya tener ‘un plante’ en Boyacá, debe cambiar aspectos de forma y de fondo en su actual gobierno. No puede seguir siendo tan excluyente y ’su cuarto de hora’ con el Gobierno nacional debería ser aprovechado para lograr, además de puestos para boyacenses, inversiones en obras de infraestructura o en programas sociales, que hasta ahora no se han visto. En fin, lo que tiene Amaya para el futuro en lo político son muchos desafíos.
Lo que sí vale la pena ir evaluando y analizando en Boyacá y lo deben tener en cuenta sus seguidores y malquerientes es que, con candidatura presidencial o sin ella, todo indica que habrá amayismo para rato.